Si no puedes alimentar a 100 personas, alimenta sólo a una.

-Madre Teresa de Calcuta-

A amar se aprende, al igual que se aprende cómo cuidar la alimentación cuando uno es adulto. Tanto una cosa como otra son en un primer momento de vida impulsos que nos permiten la supervivencia, pero en la medida que ambas están en  relación con nuestro primer cuidador ; va a ser la calidad de la relación con éste la que va a determinar cómo nos relacionamos con la comida y cómo (nos) amamos.

 Las dificultades con la comida hablan de nuestro mundo emocional ;  de conflictos internos y las dificultades para regular nuestras emociones y expresarlas.

El amor que quiere consumir al otro, el hambre voraz…¡Cuánta relación entre uno y otro! Y es que  la vida entra por la boca . La boca busca el pezón, la mirada del bebé busca la de la madre para encontrar complicidad.  Comida y amor se mezclan formando uno .

 La compenetración entre el bebé y su madre depende de cómo ésta responde a las necesidades de su hij. La primera necesidad es alimenticia, pero el amor es vida para el ser humano, y otras especies como los primates. Sin amor, morimos. Morimos de pena cuando fallece la pareja de toda una vida, enfermamos mentalmente, no tenemos motivación.

En la literatura de psicología general, hasta los años ’60, existía la teoría de que el hecho de que el niño acabe por apegarse a su cuidador principal se debía a que éste le alimentaba.

  El amor tiene su origen en el apego que crea la necesidad satisfecha de alimentos   (Freud, 1940)

Los experimentos de Harlow en 1958 descartan esta teoría. En una serie de experimentos separa a monitos rhesus de la madre al nacer y se le mostraban dos tipos de madres: una hecha de alambre y otra hecha de manera parecida pero con una tela suave.

Se les dejaba elegir entre el modelo de tela o el modelo de alambre, ambos modelos de mamá tenían un biberón. El promedio de horas al día al lado del modelo de tela era de 15 horas. Ningún mono dedicaba más de una hora y media al día a estar con el modelo de alambre. Se hicieron muchos experimentos diferentes y en todos el monito prefería el modelo de tela.

Los datos que se obtuvieron es que el contacto con la “madre” de tela era muy importante, las necesidades afectivas tienen que ver con la supervivencia.

En el niño, a medida que crece, sus necesidades fisiológicas en relación con la madre son mucho menores que las afectivas.

¿Qué ocurre entonces cuando la madre se centra en las necesidades fisiológicas y no las afectivas?  ¿Qué ocurre cuando una madre piensa que lo único que alimenta es la comida?  

 Cada mujer llega a la maternidad con la experiencia de haber sido hija . Ha tenido un determinado lugar al lado de su madre y padre, educada de una manera, alimentada emocionalmente tal como sus padres han sabido… Y llega el momento en el que  sin darse cuenta transmite todo un mundo imaginario a su bebé recién nacido .

Lo más seguro es que reproduzca conflictos que ya trae y que sufrió.

El primero tiene que ver con la relación con la comida. En el registro de inicio de nuestra vida está el vínculo de la madre y cómo fuimos alimentados. La satisfacción en la relación entre la madre y el bebé; o la ambivalencia entre querer ser una buena madre y la ansiedad que le produce serlo; y tal vez el rechazo a e ese momento tan íntimo de conexión con el bebé cuando se le amamanta o da el biberón genere tensión.

El manejo entre estos conflictos, la resolución en la demanda del niño y la historia, seguir las necesidades del niño y la comprensión del principio básico ( el afecto alimenta ) es fundamental para resolver el primer período de vida.

Pero hay otros aspectos que son cruciales para el éxito de esta etapa:

  •  El acompañamiento del padre, pareja o familia sosteniendo a la madre , y dejando que sea ésta la que se ocupe del bebé. Hay muchas intrusiones verbales y físicos en el período de adaptación de la madre con su bebé. Es ella y solo ella la que necesita hacerse con su hijo/a, al ritmo que necesite; pero para eso necesita que alguien pueda cocinar, atender las tareas, hacerla sentir absolutamente libre de otras cosas que no sea la atención del vínculo.
  •  Los mensajes que se emiten en relación a la lactancia pueden castigar enormemente a las madres . Como he comentado anteriormente, el alimento no es lo único que nutre la vida del bebé. El bienestar de la madre es imprescindible para establecer una alimentación adecuada. Si una madre se siente mejor dando el biberón a su hijo/a, debemos acompañar para que lo viva con satisfacción. Los mensajes pro lactancia han favorecido tener una mayor conciencia de su importancia,  pero no es el pecho el que alimenta al bebé: es la madre . Su salud física y emocional es lo que favorece el apego.

 Lo que la madre transmite cuando alimenta a su hijo marcará la relación de este con la comida . Esta transmisión es inconsciente y tiene toda la historia que la madre ha vivido. Aumentar la conciencia sobre esto es importante para dejar de actuar de manera automática en relación con la comida.

Vivir la alimentación con gozo, implica buscar en los nutrientes el amor que nos damos cuando somos adultos. Los elementos que componen nuestra comida son parte de la química del amor que vivimos.

Noelia Estévez,

Psicóloga

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