Conociendo la importancia del apego en el desarrollo del niño

“Lo que pongas en los primeros años de tu vida quedará en ella hasta más allá de la muerte” Anónimo

¿Qué es el apego?

El apego infantil, entendido como vinculación emocional del bebé con su cuidador principal -esencialmente madre y padre-, además de relacionarse con la supervivencia, se considera un cimiento básico en el desarrollo de la personalidad, favoreciendo la seguridad emocional indispensable para explorar el entorno y posibilitando el mundo representacional interno de uno mismo en relación con los otros (estructura que tiende a la estabilidad y auto perpetuación, según Bowlby, pero que también puede cambiar ante nueva experiencias de apego con otras personas significativas). En este sentido, el apego supone una parte integrante de la conducta humana a lo largo de toda la vida.

El establecimiento del apego se encuentra configurado por aspectos biológicos y socio-culturales, en un entramado de fuerzas definidas en torno al temperamento del bebé, las competencias de la figura de apego (su sensibilidad, accesibilidad y disposición para atender a las señales del niño de manera efectiva), y el contexto en el que se produce la interacción.

De este modo, el niño despliega una serie de comportamientos instintivos tales como el llanto, la sonrisa, los balbuceos, el agarre,etc. para conseguir la proximidad con su figura de apego, y ésta, a su vez, en función de sus características personales, experiencias afectivas, expectativas acerca de la crianza y educación,etc. responderá de un modo u otro, entretejiéndose una relación que puede dar lugar a diferentes tipos de apego: seguro, ansioso-ambivalente, evitativo y desorganizado (descritos a partir de los experimentos de Ainsworth).

 

Cómo afecta la relación con los padres en el desarrollo emocional del niño

El estilo de apego seguro contribuye a generar confianza, alegría, autorregulación e identidad positiva en los niños, sintiéndose aceptados y protegidos de manera incondicional, mientras que los estilos de apego inseguro (ansioso-ambivalente, evitativo y desorganizado), conducen a la desconfianza, rabia, miedo e inseguridad.

En este sentido, en situaciones de estrés y adversidad, el niño busca a su figura de apego para que le proteja y cuide, y si la respuesta del cuidador es sensible, se produce alivio, incentivando la seguridad del niño para regularse. Por el contrario, si la reacción de la figura de apego es insensible, rechazadora, incoherente, maltratadora o incompleta, se produce un aumento de las emociones negativas del niño, quedando mermada su capacidad para paliar su perturbación o malestar.

De esta forma, a medida que va creciendo, el niño aprende a cuidarse y calmarse como previamente sus padres lo han cuidado y calmado, internalizando las conductas de regulación y autocuidado a partir de las figuras de apego. En esta línea, la construcción del vínculo con las figuras de apego primarias sirve para desarrollar capacidades cognitivas y emocionales tales como: interpretación de eventos presentes, atribución de significado a la conducta de los otros, predicción de interacciones futuras, discriminación de emociones, autorregulación emocional, capacidad de ver al otro y a uno mismo como seres diferenciados, capacidad de mentalizar, empatía, etc.

Asimismo, los estilos de apego en la infancia con los cuidadores primarios parecen coincidir con los estilos de apego que se utilizan posteriormente en la edad adulta, modelándose los comportamientos en las relaciones íntimas por las representaciones mentales que tienen su origen en las relaciones con los padres, como pusieron de manifiesto Hazan y Shaver (1987). Investigaciones posteriores ha evidenciado la relación existente entre la seguridad en el apego y la calidad de las relaciones de pareja así como el grado de satisfacción en las mismas.

Un fuerte vínculo emocional con los padres, es precursor de seguridad y empatía en las relaciones personales en la edad adulta, mientras que un inadecuado vínculo, puede arrastrar dificultades psicológicas.

 

El apego como protector  del niño

Los profesionales que trabajamos con personas que han sido maltratadas en la infancia, en consonancia con el marco conceptual de la teoría del apego, constatamos que las interacciones primarias traumáticas, generan limitaciones en los procesos de diferenciación, manejo emocional, resolución de conflictos y empatía, por consiguiente, dificultades para establecer y mantener relaciones afectivas maduras y positivas.

Para abordar dicha problemática, en la práctica clínica, se hace primordial generar un vínculo terapéutico que conforme una base de seguridad para que la persona pueda conectar con el dolor y la rabia asociada a sus experiencias tempranas con las figuras de apego así como tomar consciencia acerca del mundo representacional interno sobre el “sí mismo” en su interacción con el “otro” que guía su comportamiento, avanzando hacia una mayor aceptación personal y desarrollo de competencias emocionales y cognitivas que reviertan favorablemente en sus relaciones interpersonales.

Eva Estévez Blas

Psicóloga, terapeuta familiar

 

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