“Desconocemos lo que somos capaces de ser e ignoramos en lo que podríamos transformarnos, quizá por lo comprometido que podría ser saberlo. ”Joaquina Fernández

Conectar con los valores

Vivir acorde a los valores es el reto de nuestros tiempos. Conectar con la sabiduría interna, recuperar lo bueno de nuestros ancestros, seguir nuestra brújula, es algo que nos permite una vida alineada con los valores.

Las crisis personales –y sociales – suelen tener como telón de fondo la desconexión con los valores fundamentales de la vida. En esta desconexión, perdemos de vista nuestra biografía- y las piedras con las que ya nos hemos tropezado varias veces- nos olvidamos de lo importante, dejamos de tener presente lo bueno que ahí en nosotros, y avanzamos en bucles de deseo-dolor-deseo.

El deseo – a ser reconocidos, amados – genera en nosotros una motivación externa que sólo calma la herida, las dosis de reconocimiento o amor que recibimos. Sin embargo, ¿es algo que realmente nos apacigua? ¿o cada vez necesitamos más?

Querer ser amado y reconocido no es malo. Las personas necesitamos ser reconocidas por lo que hacemos, y necesitamos sentir que pertenecemos a un grupo, a una familia, a un hogar. Sin embargo, estas necesidades naturales dejan de ser sanas cuando en vez de tener ganas de crecer y compartir, queremos satisfacer el ego.

 

El egocentrismo

Todos tenemos ego. El ego es esa parte del yo con la que nos sentimos identificados, con la que funcionamos en sociedad, representa la realidad y la razón.

El ego tiene un papel fundamental para relacionarnos con los demás, ya que preserva parte de lo que somos que no queremos que sea visto. Por otro lado, nos permite relajarnos al identificar el ego con los pensamientos y emociones que tenemos.

El ego alivia la culpa y el miedo a lo que no sabemos de nosotros. El autoconocimiento puede ser doloroso.

Cuando nos dejamos llevar por el deseo de querer ser reconocidos y amados, funcionamos desde el ego. Estamos apegados a la imagen que queremos que los demás tengan de nosotros para alimentar la necesidad de ser importantes.

Con el tiempo descubrimos, que nuestra vida gira en torno a lo externo, a algo que se convierte en demasiado complejo, alejado de lo real. Funcionar desde el ego, antes o después, nos llevará a pagar un precio muy alto para recibir algo que ya está dentro de nosotros: el reconocimiento y el amor.

 

El reconocimiento a lo bello que hay dentro de cada uno de nosotros 

Joaquina Fernández en su libro Piensa en ti, nos guía a descubrir la magia que hay en lo que somos.

Para ello, el primer paso es conocer “qué valor te alimenta y qué creencia tienes sobre la utilidad de ese valor”.

El reconocimiento hacia ese valor, y por tanto hacia la parte de nosotros que nos mueve y nos hace fuertes, es el pilar de la confianza del ser humano.

Recuerdo una sesión con RC. Llevábamos algunas sesiones girando en torno al mismo tema, hasta que le hice una pregunta sencilla, pero clave para que tomara una decisión sobre esa cuestión.

– “¿Cuál es tu valor más importante?”. Me respondió con gran convicción: “La valentía”.

– “Entonces, ¿qué vas a hacer respecto a este tema?” La respuesta ahora era sencilla.

Ese día cambió la manera en la que se estaba viendo a sí misma, y por tanto la manera de actuar. Ese día reconoció que había mucho más poder en ella del que creía.

Desde entonces, ella y yo podemos utilizar su valor para que avance con mayor seguridad en cuestiones que antes le daban miedo.

El valor te hace imbatible, te hace confiar en que el compromiso que adquieres a través de él no te hará sufrir. Al contrario, te protegerá

 

Os deseo un gran día, y os animo a que adentréis hacia el interior para vivir los últimos días del año desde vuestros valores

 

 

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