“No olvidemos que las pequeñas emociones son los grandes capitanes de nuestras vidas y las obedecemos sin darnos cuenta.”  – Vincent Van Gogh

Resulta paradójico que siendo los dueños de nuestro cuerpo, conozcamos tan poco sobre nosotros; sin embargo el mundo tal como lo aprehendemos es el reflejo de lo que somos.

Conocer en profundidad cómo funcionamos a nivel emocional nos aproxima a descubrir dimensiones sobre nosotros mismos inimaginables; pero también sobre nuestras relaciones, decisiones importantes de nuestra vida, maneras de vincularnos a algunas ideas, proyectos, etc.

Las emociones nos permiten conectar con lo profundo y auténtico del ser humano, es maravilloso y a la vez nos perdemos en ellas. Una lección vital es saber distinguir quiénes somos, de qué es lo que sentimos. Cuando las emociones llegan a determinar nuestra identidad, debemos tener presente que su influencia guiará erróneamente nuestra vida.

Imagina si tu vida estuviera determinada por el miedo…Dejarías de tomar decisiones por temor a equivocarte, dejarías de hacer cosas con las que antes disfrutabas, dejarías de tener confianza en las personas, dejarías de aprender porque tendrías miedo a explorar nuevas opciones…

El miedo conduce a que las personas tengamos la necesidad de controlar el entorno, debido a una motivación profunda de seguridad. La preocupación por el futuro puede paralizar, la incertidumbre, promocionar en el trabajo. Pero si vamos más allá, ¿qué aprende un niño de un adulto con miedo?

Ahora imagina que necesitas estar alegre para sentir que tu vida es plena… ¿Qué cantidad de energía tendrías que poner para estar “continuamente” alegre? ¿Cómo manejarías las frustraciones? La alegría, que es una emoción positiva tan beneficiosa para el sistema inmunológico, deja de ser funcional cuando asociamos la felicidad con aquello que proviene de fuera (amor, dinero, resultados, etc.) o cuando tenemos que buscar reproducir esta emoción a través de sensaciones intensas. La alegría es un estado de bienestar que surge de dentro y que necesita también manejar la tristeza para llegar a ella de manera auténtica.

Más allá de la emoción a la que nos sintamos más vinculados, durante el día tomamos infinidad de elecciones que buscan satisfacer un estado emocional.  ¿Cuántas de estas decisiones han sido conscientes? ¿Cuánto sabemos sobre los motivos que nos lleva a actuar de determinada manera?

Te proponemos que explores sobre tus emociones contestando a estas cinco preguntas de doble opción:

  1. Ante una situación amenazante, ¿te paralizas o avanzas?
  2. Cuando algo te incomoda o te ofende, ¿te callas o expresas lo que sientes?
  3. Ante la vergüenza, ¿evitas exponerte o afrontas la situación?
  4. Cuando tienes interés por algo o por alguien, ¿te sientes insuficiente o te permites explorar sobre ello?
  5. Cuando has perdido algo o alguien, ¿actúas o profundizas en la sensación de pérdida?

 

Si en la mayoría de las respuestas has contestado la segunda opción, seguramente eres una persona que conectas con tu necesidad de seguridad,  justicia, pertenencia, desarrollo, etc. La siguiente cuestión sería saber si eres capaz de ponerle nombre a estas necesidades y cuánta energía depositas en ellas.

La cantidad de energía con la que permanecemos en algunas emociones puede disminuir la cantidad de energía que necesita el cuerpo para funcionar óptimamente.

Por ejemplo, la necesidad de justicia, nos lleva a expresar el enojo. Esto que puede ser sano en un primer momento si somos capaces de comunicarnos sin violencia, pero nos puede atrapar si nuestra necesidad de justicia no se satisface y nos lleva a ser excesivamente críticos. La crítica solo puede derivar en sufrimiento.

Saber cuánta energía necesitamos para estar bien, y la relación con el “enganche” a algunas emociones, sería la manera de descubrir cuál es la ecuación perfecta para nosotros.

La cuestión en un primer momento, por tanto, sería saber a qué emociones te sueles enganchar, qué buscas satisfacer a través de ellas y cuál es tu necesidad principal.

Regular nuestra vida emocional es una máxima para ser felices. La manera en la que aprendemos a manejar las emociones y equilibrar la energía, habla de nuestra calidad de vida.

Noelia Estévez

Psicóloga

 

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