Decidir el camino...

Un deseo no cambia nada, una decisión lo cambia todo

Hay dos tipos de personas: aquellas que deciden qué quieren ser en la vida; y otras que avanzan según las circunstancias o los mandatos externos.

Las personas que tienen claridad en su propósito, necesitan saber que son dueños de él. Puede que siempre hayan sabido para qué están aquí, o un día dan un paso hacia una dirección que lo cambia todo. Esto suele suceder una vez que han comprendido que hay un mensaje interno que es necesario escuchar. 

En muchas ocasiones, las crisis vitales, el dolor, la angustia, la insatisfacción o incluso el aburrimiento, es lo que lleva a estas personas a empezar a escucharse a sí mismas. 

¿Eres feliz? es la pregunta de fondo

Los mensajes internos, las preguntas que nos hacemos, suelen ir hacia un mismo lugar: Quién soy yo, cuál es mi talento, cuál es mi misión.

Estas preguntas dan respuesta al sentido de la vida, que es lo que nos mantiene motivados, ilusionados, activos. Es el impulso fundamental del ser humano.

Según estudios del Instituto Tecnológico de Califormia, “la constitución biológica están dejando cada vez más claro que somos criaturas sociales del sentido, con ansias de coherencia y propósito”.

“Nacemos para el sentido, no para el placer,

salvo que sea el placer lo que está empapado de sentido”.-  

Jacob Needlemani

Hay distintos momentos en el ciclo vital, en el que esta búsqueda emerge con mayor conciencia. Esto sucede a partir de los 21 años, pero desde los 28 años es necesario atenderlo; una vez que hayamos aprendido a manejarnos en la supervivencia y a diferenciarnos en las relaciones familiares y de pareja. A los 36 años seguir ignorando la llamada puede derivar en una crisis, y a los 54 años en una enfermedad.

Las personas que deciden dar espacio a todo esto, buscan tener una vida coherente con los mensajes internos, disfrutar de lo que hacen, dejar de sentir un vacío nada más despertarse. Suelen descubrir que la vida es un arte sencillo -que no fácil-, que requiere claridad, dar pasos, aprender de ellos para mejorar sus relaciones y la toma de decisiones.

El primer paso de todos es definir lo que quieres hacer para vivir una vida acorde a quién eres. Esto requiere una revisión profunda de ti: de tus valores, de tus creencias, de las motivaciones y necesidades que tienes. Puedes apoyarte en el coaching o en la terapia para ello.

El segundo paso es llevar a la experiencia tus reflexiones. Nada nos llevará a un lugar diferente si no avanzamos físicamente y con intención hacia ello.

El tercer paso es ser consciente de las resistencias. A la vez que las personas decimos querer ser felices, hacemos también todo lo posible por permanecer en un lugar seguro.

Joaquina Fernández en su libro Piensa en ti lo expone claramente en la siguiente frase:

“Desconocemos lo que somos capaces de ser e ignoramos en lo que podríamos transformarnos, quizá por lo comprometido que podría ser saberlo”

El miedo nos acomoda, justifica que no avancemos y nos lleva a quedarnos en una segunda fila donde somos espectadores de lo que sucede fuera.

Cuando observamos el miedo como la señal de la resistencia, puede que entendamos que en el mismo miedo está la clave de lo que necesitamos para crecer.

Una vez que eliminamos el miedo, a través del compromiso con nuestro propósito, nos encontraremos con que no hay nada que supere lo atractivo que es descubrir quién es uno.

 

Noelia Estévez Fernández

Psicóloga y coach

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