“El más poderoso es aquel que es dueño de sí mismo” – Séneca-

¿Qué es el antihéroe?

Escribía Joaquina Fernández, en su blog que el antihéroe “es nuestro yo, que sale a la búsqueda de un mundo ignoto sintiéndose carente. Es el cobarde que huye de las batallas y las confrontaciones propias de los cambios”.

El antihéroe es esa parte de nosotros sin poder, débil, que tememos que sea descubierta por los demás.  Es la distorsión de un yo que se cree terriblemente defectuoso, imperfecto.

Cuando nos movemos desde nuestro antihéroe, dejamos de creer en nosotros mismos, de tomar decisiones con valentía, de mostrar nuestro poder al mundo.

El antihéroe no es tu sombra, sabe cómo funcionas cuando no crees en ti. No es algo ajeno, aunque puede que intentes esconderlo tanto que te sorprendas a veces con miedo por cosas que sabes en el fondo que están a tu alcance.

La impotencia se puede producir ante el mínimo cambio. Cuando no superas una entrevista de trabajo; cuando te tienes que mudar de casa; o cuando se acaba una relación de pocos meses…

El problema nunca suelen ser las situaciones que nos hacen sufrir. Normalmente, el problema tiene que ver con la manera que vemos y nos colocamos frente a estas situaciones.

Cuando nos sentimos vulnerables, vemos más amenazas que oportunidades. Los problemas son gigantes.

La resistencia con la que afrontamos estas situaciones nos llevan a la enfermedad, en muchas ocasiones.

En esta resistencia -que no en la lucha- renunciamos a nuestro poder personal.

Señor, concédeme serenidad para aceptar todo aquello que no puedo cambiar,

fortaleza para cambiar lo que soy capaz de cambiar

y sabiduría para entender la diferencia

Casi todos los estudios en psicología se han centrado en encontrar las causas y la intervención en lo cognitivo y emocional. Sin embargo, la primera experiencia de pérdida de poder la vivimos en lo físico.

Perdemos de vista nuestros objetivos, nos paralizamos en las acciones, dejamos de ver nuestros valores. La dificultad en lo físico también está relacionado con las adicciones (comida, bebida, drogas, etc.), el dinero, el trabajo o el sexo.

Por otra parte, el cuerpo muestra su pérdida de poder.  Nos encogemos, curvamos la espalda, nuestros hombros descienden, nuestra mirada es baja.

Nuestra pisada es vacilante, más lenta e imprecisa. Nuestros pies están flotantes. Perdemos el contacto con la tierra, con lo concreto. Con la materia.

Con ello nuestra mente divaga. Tenemos pensamientos recurrentes, en bucle, acerca de nuestros problemas. Por otra parte, surge la crítica. Una feroz crítica por ser tan imperfectos…

Disminuye la serotonina, la testosterona, aumenta el cortisol. La dopamina baja y con ello la desmotivación ya que dejamos de actuar, de tener un propósito.

Estas hormonas están relacionadas con el poder, con el emprendimiento. Con la capacidad de actuar, crear, movilizar. Dirigir una gran fuerza, propia de un héroe, en superar cualquier adversidad.

El poder, la autoestima, se consigue desde lo vertical. Nuestro primer logro, relacionado con todo esto, fue sostenernos de pie y caminar sin ayuda entre los 12 y 15 meses.

Posteriormente, hemos tenido que demostrar nuestra capacidad para mantenernos de pie sin ayuda. Sin bastones en los que sujetarnos, sin apoyarnos en ningún brazo, sin dejarnos caer en esa horizontalidad en la que dejamos de actuar.

La manifestación de este poder: la espalda y cabeza recta, el mentón ligeramente elevado, la mirada directa. Pies firmes en el suelo, piernas sólidas. Esa es la visión del poder personal.

La creencia sobre nosotros, el héroe interno, surge de una fe absoluta en que somos fuertes y válidos. Capaces, imperfectos, humanos.

El cuerpo habla. Comprueba a creer en ti desde tu cuerpo y compártelo con nosotros.

 

Noelia Estévez

Psicóloga

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