Decisiones

“Vivir significa asumir la responsabilidad de encontrar la respuesta correcta a los problemas que ello plantea y cumplir las tareas que la vida asigna continuamente a cada individuo” Viktor Frankl

¿Somos la suma de nuestras decisiones?

Las personas tomamos decisiones continuamente, aunque no siempre somos conscientes de ellas. Decidimos a qué hora levantarnos, qué desayunar, qué camino escoger para ir al trabajo, las tareas que haremos y las que no, el tipo de respuesta e interacción que tendremos con otras personas…

Las decisiones forman un continuo en el que mi yo de ahora es una extensión de mi yo en el pasado que ha tomado distintas decisiones. Mi físico actual es un resultado, así como mi carácter, mis relaciones, mi economía, trabajo, etc.

No solemos darnos cuenta de que cada día elegimos de manera continua entre A, B y C porque creemos que la toma de decisiones es un proceso racional que se produce cuando tenemos que elegir entre dos o más opciones cruciales o muy importantes. Al contrario de esto, las decisiones se toman de manera emocional y por ello es necesario tener conciencia sobre ellas.

Esta puede ser una de las primeras cuestiones que deberíamos tener en cuenta si analizamos nuestra manera de tomar decisiones. ¿Soy consciente de mis elecciones? ¿Siento que soy responsable de ellas? ¿Pienso que mis resultados forman parte de mi manera de decidir en la vida?

Hacerse las preguntas adecuadas

Aprender a tomar buenas decisiones puede ser clave para tener una vida más satisfactoria en el corto, medio y largo plazo. Esto no quiere decir que debamos arrepentirnos de las malas decisiones pasadas. No hay nada más sabio que el aprendizaje que una persona puede hacer a través de su experiencia. Sin embargo, son precisamente las decisiones tomadas y las futuras decisiones las que hablarán de cuánto sufrimiento y tiempo nos ahorraremos.

La tendencia del ser humano a buscar la comodidad puede jugar en nuestra contra. Por una parte, porque en la búsqueda de aliviar la intranquilidad que nos pueda provocar tener que tomar decisiones importantes, tenderemos a buscar la paz a través de comportamientos útiles a corto plazo pero nefastos a largo plazo. Por otra parte, porque el reto en la toma de decisiones está en encontrar la oportunidad de desarrollo personal. Eso nunca puede ser algo cómodo.

En nuestro máster en coaching de Madrid, enseñamos a pensar que lo más probable es que aquello que más tememos sea lo que más nos ayude a crecer. Las decisiones difíciles en el fondo nos llevan a hacernos estas dos preguntas: ¿Quien soy? ¿Quién quiero ser? El problema está en que solemos centrarnos en lo que no queremos perder.

Cuando la toma de decisiones nos lleva a la inseguridad, es bueno parar y hacerse las preguntas correctas, tales como:

  • De qué tengo miedo
  • Qué acciones llevo a cabo que alivian el miedo a corto plazo (hacen más grande el problema)
  • Cómo evolucionaría mi vida si no tuviera miedo a decidir

 

El miedo a perder

Descubrir cuál es mi mayor miedo respecto las decisiones que tengo que tomar, es una de las mejores formas para conocer qué necesito aprender para evolucionar.

Hay diversos miedos. Está el miedo a equivocarnos, a no estar a la altura, a exponernos, a no querido…

Si por ejemplo tu miedo fuera a no ser querido, tendrías la creencia de que debes ser apreciado/a por todos. Esto implicaría que si tuvieras que tomar una decisión cuyas consecuencias te llevaran a ser impopular, evitarías por todas las formas tener que tomarla. Tendrías grandes dificultades para tomar decisiones que confrontaran, y tenderías a buscar la aprobación de todos. ¿Cómo podrías mantener esta tensión? ¿Cómo resolverías las decisiones en las que no se puede contentar a todos?

¿Qué sucede cuando tus decisiones implican tener que darte cuenta de cosas que no quieres afrontar? Por ejemplo, en el caso del miedo a la exposición. Puede que vivas con la tendencia a evitar situaciones que te pueden conducir a ser una persona con mayor éxito, poder o plenitud al estar al servicio de tus capacidades. Sin embargo, la creencia de no ser suficientemente bueno puede hacer que evites cualquier posibilidad de ser comparado o quedar en evidencia. ¿Cuántas oportunidades te estarías perdiendo haciéndote invisible?

El miedo a equivocarse es el temor más común de las personas cuando tenemos que tomar una decisión. ¿Y si elegir este trabajo es un error? ¿Y si mudarme de ciudad frena mi carrera? ¿Y si hablar con mi jefe empeora mi situación? Este miedo suele llevar a las personas a pedir el apoyo de los demás, a estar atrapado en la indecisión, a delegar la responsabilidad, a evitar la acción y con ello vivir una gran ansiedad.

El miedo nos ayuda a protegernos y frena el impulso de actuar sin medir las consecuencias. En el otro extremo está paralizar nuestro desarrollo por el temor de perder nuestra comodidad.

Aprender a través de la experiencia nos lleva a mejorar la toma de decisiones. Por otra parte, entender que las decisiones nos aproximan a lo que en realidad somos podría calmar nuestros miedos. Frente a nosotros hay múltiples posibilidades de ser.

Noelia Estévez

Psicóloga

4 respuestas a “Decisiones”

  1. Ruth Casasnovas dice:

    Buenísimo y muy cierto! Cuando te encuentras ahí es muy incómodo,cuando te enfrentas a tus miedos,te conectas con tú verdadero yo y eso es una experiencia brutal!!! Ánimo para vencer nuestros miedos.

    • Noelia Estévez dice:

      Totalmente cierto. La magia se encuentra a veces en el otro lado del que tendemos a pensar. Gracias por tu comentario! Un abrazo grande

  2. Maria dice:

    Muy bueno! Las decisiones se toman de forma emocional no racional, entiendo, y por eso no somos muchas veces conscientes de ellas. Me pregunto que si en relación a las relaciones afectivas se debe aplicar una racionalización a la hora de decidir continuar con una relación o no? Sería natural? Cuando hay sentimiento de amor, un proceso de cambio en marcha (es decir una decisión de acercar fisicamente la relación), se podría decidir terminar la relación para conservar la paz en el momento actual, para evitar aceptar la decisión del otro y hacer esfuerzos, sin miedos, pero sacrificando el amor y una conexión de pareja fuerte?

    • Noelia Estévez dice:

      Hola María! Gracias por tu comentario. Las decisiones, efectivamente, las tomamos de manera inconsciente porque hay emociones que necesitan ser satisfechas. Es importante tenerlo en cuenta para tomar conciencia de las emociones con el fin de mejorar nuestra toma de decisiones, entre otras cosas. En las relaciones, o solemos vivirlas sin reflexionarlas o las desgastamos por no mantener las emociones sanas que nos hacen estar conectados con el otro. Una relación sana requiere que haya una parte física satisfecha (la sexual, el tacto con la persona), un cuidado en lo emocional (independencia, tolerancia, comprensión y empatía) y que la pareja tenga un sentido estando unida. Cuando estamos con el otro para llenar vacíos, ahí es cuando perdemos el norte. Retomar una relación requiere un período de reflexión, tener presente lo que quiere cada uno y evitar caer en patrones. No sé si te ayuda…Un abrazo

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