“El mundo es redondo y aquel sitio que parece un final, podría ser también un comienzo” 
IVY PARKER 

Hay primeras veces, comienzos, ilusiones del principio, novedades… pero cada día nos encontramos también con finales, despedidas, rupturas y cierres… Sin embargo, la vida es generosa. Nada acaba en realidad. Todo son transformaciones, todo son ciclos en la naturaleza.

Quizá nos cuestan las despedidas porque no queremos dejar de ser nosotros mismos. Asumir una transformación es liberarse de los  hábitos y las comodidades de hoy. Los vicios que tenemos con nosotros mismos. Buscamos que el presente se repita, no por temor al futuro como muchos decimos a veces, sino porque en el presente nos reafirmamos que lo estamos haciendo bien, o que, quizá, no existen más opciones para hacerlo mejor. Sin embargo, y confiando en una sabiduría superior a nosotros, intuyo que los caminos se abren para ir en ellos. Para dar un paso más. Podríamos entender cada final como una oportunidad siempre perfecta para salir del redil en el que damos vueltas y trabajar algo más en nuestro propio brillo, en el crecimiento que Dios quiere para nosotros.

Por eso, el temor a soltar o a mirar hacia adelante perdiendo lo que hasta ahora nos ha acompañado, nos muestra una falta de confianza y la pereza de dar más allá de nosotros. Es comodidad y desconfianza hacia nuestras capacidades.

Si la vida te muestra un camino diferente delante, o incluso te empuja a ello, es porque sabe que puedes entregar aquello que te exige.
Aprendí hace unos meses de Pablo D´Ors que la mejor tarea, y más difícil, de esta vida es vaciarse de uno mismo. Sin embargo, es la que mayor plenitud reporta. Una despedida siempre brinda la ocasión de liberarte de algo que eres para dar un paso más hacia quien puedes llegar a ser.
¿Podrías comprender ahora por qué te hace sufrir una despedida? ¿Detectas de qué no quieres desprenderte? Y sobre todo, ¿encuentras lo que te pide dar por tu parte en ese nuevo horizonte?
“Cuando en el interior te encuentras, del exterior te liberas” 
PRINCIPIO BUDISTA 
Frases como “No es adiós, es hasta luego” siguen alimentando nuestra propia inseguridad. Ojalá aprendamos a decir adiós, con la seguridad rotunda de que lo que hubo hasta ahora nos ha regalado mucho; con el agradecimiento de haber sido felices en el camino y con la confianza en que todo lo que está por venir siempre será perfecto. Precisamente, por eso Es.
Solo por eso siempre es ilusionante estar vivos y disponernos a un mañana. Un aplauso a todos los valientes que nos han dicho adiós. Un aplauso para los grandes que se entregan a su camino.
Siempre con vosotros, pero también asumiendo que quizá algún día no.

 Paloma Mesonero-Romanos
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