“En la vida, es así en cada momento clave, tenemos que renunciar a una parte de lo que somos para llegar a ser lo que de verdad podemos ser” 
ALEX ROVIRA 
Cuando nos proponemos cambios y motivados preparamos un nuevo plan de acción para conseguirlos a menudo nos encontrarnos con una de estas paredes de cristal:
– Que no mantenemos la voluntad
– Que lo conseguimos a costa de un precio alto y teniendo que batallar, a veces, con todo nuestro entorno 

Al decidir cambiar partimos de que, aunque no lo entendamos bien, hay algo que no nos funciona y queremos un resultado diferente. Implementamos nuevos hábitos, hacemos cambios en el ambiente y procuramos que todo lo que está a nuestro alrededor sea funcional para eso que buscamos.
 
Es iniciar la ruta desde la insatisfacción para alcanzar nuevas metas en la vida. Sin embargo, existe otro proceso desde donde alcanzarlas, que en vez de encontrar su propósito en huir del malestar, lo hace desde la toma de conciencia.
 
La transformación -partiendo del mismo lugar- toma el análisis sobre esta situación como la clave para que el camino sea distinto. Es darse cuenta de la función que le estamos dando a cada panorama o problema que buscamos cambiar. Es entender que todo aquello que se representa una y otra vez en nuestra vida tiene una función para nosotros y por ello decidimos inconscientemente mantenerla.
 

Intuyo de antemano que tan siquiera valorar la opción de que todo tiene una ventaja no es fácil. Sin embargo, aunque la vida y sus acontecimientos no siempre están en nuestras manos, sí de nosotros depende cómo y por cuánto tiempo mantenerlo. No se trata de una cuestión de actitud o de positivizar el prisma desde donde lo miras, sino de descubrir la utilidad que tiene para ti y la razón por la que mantienes el problema con vitalidad.
 
Ahora bien, ¿cómo llegamos a ordenar esta perspectiva? ¿Cómo dar algunos pasos para tomar otro ángulo de visión y darnos cuenta del guión que hemos diseñado inconscientemente?
Solo basta con hacerse dos preguntas:
La primera:
¿Para qué?
  • ¿Para qué quieres una nueva situación? ¿Para qué te sirve esto que buscas?
La segunda: ¿Qué beneficio tiene el problema para ti?
  • ¿Qué ventajas escondidas sacas de lo que estás viviendo? ¿Qué barreras no rompes si te mantienes en la queja del problema?
 
La comodidad soterrada que dan ciertos problemas, la ayuda o la atención extra que recibimos, los permisos que nos damos o las acciones que dejamos de hacer por ello nos liberan del compromiso con uno mismo. Nos evitan el liderazgo que, aunque soñado, se nos hace temible por lo que puede llegar a transformarnos.
 
Solo cuando tomamos conciencia la transformación se hace real. El esfuerzo se convierte en compromiso con uno mismo y todas las facilidades para redirigir tu vida se dan
No es lo mismo defenderse para mantener un ideal que convertirse en ejemplo de liderazgo. Las pruebas, los problemas, lo incómodo solo vienen para desafiar los motivos de tu cambio,  tu compromiso.
“Siempre tienes dos opciones: tu compromiso frente a tu miedo” 
SAMMY DAVIS
Una vez comprendamos esto y tengamos clara la utilidad de la meta y las ventajas del punto en el que estamos, cuando reformulemos este sentido tan estancado, entonces, el liderazgo y nuestra transformación  aparecen. Y lo mejor de todo, ese esfuerzo del hábito, esa voluntad puesta para mantenerse en la meta, esa constancia peleada a veces para lograr nuestros sueños se hacen ligeros.
 
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