“Quien no comprende una mirada tampoco comprenderá una larga explicación” 
PROVERBIO ÁRABE 
De Nuestro Archivo Secreto es eso… Nuestro. Donde no se ve en cada mensaje del Lunes, lo que hay detrás de nuestros emails, de donde nace la inspiración, está configurado por un grandioso equipo. Personas que dan, que nos mostramos con autenticidad y humildad con la conciencia de que hemos venido a amar y a aprender. El post de hoy es de Mónica Mateo. Quizá, como verás en sus palabras, yo me he convertido en ese león que la empuja para compartir el bello corazón que Es, Siente y Vive cada día más; la grandeza que le viste y que ha compartido cada día durante más de una década junto a Joaquina Fernández en su consulta. La maquinista de Miguel Ángel 18.
Todo esto, nace de ella:

He comprobado que en esos momentos en que La Vida te dice “cambias o cambias, no hay más opción”, todas las herramientas se ponen a tu servicio para ayudarte al cambio. 
 
Ahora es uno de esos momentos. Por eso las circunstancias me invitaron a un curso sobre la empatía. ¡Qué maravilla tenerla en mis manos! ¡Qué maravilla encontrarme con las pruebas para empezar a practicar, practicar y practicar!
 
Así es La Vida, primero te pone en el precipicio, luego dice cómo se construye el puente, y posteriormente envía la experiencia que te empuja suavemente hacia el borde dándote un tiempo para construirlo, y eso sí, como te lo tomes con calma envía como mínimo un león rugiendo para que te des más prisa ¡sí o sí! ¡tú mismo! Pero eso es otra historia, ahora toca hablar de la herramienta que cada día regala:  La Empatía.
 
Lo primero es saber que todos tenemos la capacidad de ser empáticos y sobre todo “QUE SE PUEDE APRENDER” ¡qué alivio! pensé que lo mío no tenía solución.
 
Para empezar a aprender es importante conocer dónde nos encontramos en este momento en relación con la empatía, cuál es el rol que adoptamos. En un ejercicio de autoconocimiento, es necesario  observar nuestras “respuestas espontáneas” a la persona que se acerca, y en esto me di cuenta que no tenía el rol de la “empatía” sino el  de “la preguntona“ , vamos que si vienes y me cuentas muy irritado “¡que no vas  volver nunca más a casa de tu madre!”,  lo primero que hago es lanzarte una pregunta  del tipo “¿pero  has hablado con ella desde la calma?”.   
Hay más roles como “el paternalista” que dice esa frase hecha de “madre no hay más que una”, o el “solucionador de problemas” que rápidamente responde “no te preocupes ahora mismo voy a hablar con ella y si es necesario te vienes a dormir a mi casa”, y otros como el que valora o lanza un juicio moral, o el que interpreta “no será que ya no quieres ir para no tener que contarle qué….”
 

¿Piensas que alguna de estas respuestas puede hacer que el otro se sienta comprendido?

Una vez conscientes de nuestro rol el siguiente paso es más fácil: saber si el foco lo ponemos en la persona o en el problema. La mayoría de la clase lo poníamos en el problema.
 
Y ahora toca entender: ¿para qué nos centramos en el problema y no en la persona? y ¿para qué (en mi caso) daba una pregunta por respuesta? En definitiva, reconocer para qué dificultamos la empatía:

  • para defendernos de la implicación emotiva  
  • para no encontrarnos con nuestra propia vulnerabilidad y cómo nos afecta
  • porque da miedo implicarse tanto que luego no sepamos distanciarnos emotivamente

 
Esta mirada interior implica dirigir el foco hacia la persona para escucharla más activamente y poner así la intención en dar una respuesta empática. Se consigue cuando te mojas un poco “las patitas” en sus emociones y sientes su alegría, su dolor, su orgullo, su frustración, sus miedos… 
El “yo” se para y deja paso al “otro” y la magia del momento puede que te lleve a estar en silencio, o a que el otro encuentre sus propias soluciones y así ser compañero de sus reflexiones, o bien a que las miradas se expandan y la rigidez se doblegue ante nuevos horizontes, o que lo imposible empiece a ser posible y los polos se acerquen; numerosas respuestas que unen y hacen posible la comprensión, y por ende la comunicación y el entendimiento.
 

Y si todo esto pasa para una respuesta empática, ahora puede venir la gran pregunta: ¿cómo se da una respuesta empática?
 

Una técnica es reformular, repetir con tus propias palabras lo entendido añadiendo tu percepción de cómo se siente el otro, es todo un arte que aprender y practicar. Ahora si me dicen “¡ya no voy a volver a casa de mi madre!” (con irritabilidad), miraré sus gestos, su expresión y desde lo que soy puedo responder: “entiendo que ahora te sientes injustamente tratado por tu madre y que esto te produzca irritabilidad…”, y si de verdad soy auténtica el milagro de la empatía sucede. Como he dicho es todo un arte que termina sabiendo dejar ir y sabiendo distanciarse emocionalmente.

Esto es una muy breve historia de parte de lo aprendido, queda mucho por profundizar, indagar, aprender y sobre todo practicar.
 
Qué bonito cuando te siento
Qué bonito cuando me hablas
Qué bonito cuanto te callas
Qué bonito sentir que estas aquí … junto a mi

 
                                                                                                     – Qué bonito – Rosario Flores

 

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