Los temperamentos vienen de la medicina de Galeno y los humores de Hipócrates

“En cada temperamento se encuentran las fortalezas con las que se pueden lograr las metas a partir de uno mismo”. Joaquina Fernández

 

La primavera asoma y entramos en la estación de las relaciones. El buen tiempo, nuestro cuerpo y la ilusión del florecimiento nos hacen salir de este recogimiento invernal y relacionarnos, sumar con los otros. Somos seres sociales, es bastante improbable no estar conectados con alguien… Sin embargo, sí es fácil desilusionarnos en estas relaciones, encontrar tensiones y vivir con dificultad la conexión con alguien.

Hace tiempo aprendí con Joaquina que el orden para establecer nuestras relaciones es el siguiente:

1º buena relación con uno mismo

2º buena relación con los amigos, con el entorno cercano

3º buena relación con la pareja

¿Qué nos pasa a menudo?

Es muy común que sobre una pareja, en primer lugar, hagamos recaer la satisfacción de relacionarnos. También es común que, en la relación social con personas cercanas, encontremos la diferencia y rechacemos lo que no se ajusta a lo que esperamos conseguir (emocional o materialmente) con alguien, y más común es no tener una relación saludable con uno mismo y prestarnos una poco amorosa atención.

 

¿Qué puede ayudarnos a hacer salir de este embrollo social? ¿Qué puede poner orden en esta secuencia y poner en ella la acción, la emoción y el pensamiento correcto para sumar en las relaciones?

 

Los temperamentos.

Sí, este histórico esquema sobre la estructura más interna de las personas puede servirnos para poner amor en nuestras relaciones y en nosotros mismos.

Para quien escuche este término por primera vez, los temperamentos vienen de la medicina de Galeno y los humores de Hipócrates. Se sabe que la química del cuerpo y el entorno desde nuestra infancia influye de forma considerable en nuestra forma de funcionar, nuestras inquietudes y la manera de relacionarnos con el mundo. Y estos temperamentos nos dan la estructura que mantenemos hoy en día, en nuestro cuerpo, nuestra forma de caminar, nuestra voz, la ropa que llevamos… Conocer tu temperamento preferente e identificar el temperamento de la persona con la que estás construyendo una relación es asombrósamente útil para aceptar la diversidad, poner los límites y potenciar lo mejor que cada uno aporta.

Identificarlos no quiere decir clasificar a alguien, condenarlo a un estado permanente, sino liberador. Reconoces tu gran tesoro interior y vives acorde a él, comprendes de qué forma conectar y favorecer felizmente en una relación, además de estar preparado para asumir las dificultades propias de un temperamento y el origen de éstas. Conocerlos nos hace más comprensivos y resolutivos. No nos tomamos los conflictos como algo personal, sino como un reto de aprendizaje para ambas partes.

Vamos a partir de la base de que, por tener el cuerpo que tenemos, contamos internamente con los cuatro humores (en mayor o menor medida, pero están en nosotros y nos afectan). Sin embargo, hay uno que principalmente domina “la personalidad” y es el que nos identifica. También vamos a tomar el punto común de que cada uno tiene un contexto, una vida, un entorno social que nos hace ricos en matices, por supuesto. Pero también te invito a que trates de reconocerte principalmente en uno de los temperamentos para así, conocerte mejor y ampliar tu visión sobre las personas que te rodean.

Son cuatro los temperamentos, echemos un vistazo a sus características más llamativas:

 

El temperamento colérico:

Este temperamento está orientado a la acción, a los resultados. La bilis amarilla estimula al organismo para resolver la supervivencia y si este mecanismo físico es el principal en alguien, lo veremos por su inquietud hacia el logro, los resultados. No es fácil para ellos expresar emociones y, siquiera, sentirlas; prefiere decir menos y hacer más, busca aportar resolviendo con inmediatez y espera tu reconocimiento sobre lo que consigue. Es perfecto para ayudarte, aunque sus palabras te puedan parecer carentes de sensibilidad, su conexión contigo la entrega desde lo que puede hacer. Son los mejores compañeros para compartir un deporte y superarse ante la dificultad. Los maestros de la constancia y la persistencia.

 

El temperamento sanguíneo:

La sangre, como apunta este nombre, es la encargada de repartir vida a cada célula. De darle calorcito. De esta misma forma, el temperamento sanguíneo se encarga de dar calorcito a la sociedad. Cuida, pone sensibilidad, belleza y palabras bellas para que te sientas bien, para que te sientas vivo. Son locuaces, divertidos y románticos por naturaleza. Expertos en diversión y experiencias. Te cuidarán y estarán pendientes de ti, su entrega busca el amor y sentirse aceptados. En cualquier relación pondrá el disfrute y el punto bello.

 

El temperamento flemático:

La flema, el ritmo lento, la inteligencia y el mundo pensante de estas personas aportan paz y diplomacia a las situaciones. Ellos son los que dan una visión inteligente y estratégica, los que nos llevan a pensar y a ser correctos en la información. Quienes se comunican desde el argumento y nos ayudan a comprender las cosas con paciencia y sin las trampas de la emocionalidad. Son compañeros serenos y pacíficos, además de tener un humor y una capacidad creativa asombrosa. Nos harán conectar con la tranquilidad para vivir.

 

El temperamento melancólico:

Su cuerpo se rige principalmente por las bilis negras y permite el análisis. Deja que veamos con sus luces y sombras la verdad de las situaciones. Invita a deshacernos de la ingenuidad para contemplar la realidad de forma objetiva y poder operar sobre ella. Nos lleva con amor a la visión global y estudiar la utilidad sobre lo que hacemos. Su temperamento, lejos de ser pesimista por omisión, ve y crea la mayor belleza desde la finalidad de cada acto y la forma en que sirve a todo el contexto. Conduce al resto de temperamentos desde la acción, la experiencia o el pensamiento hacia la transformación común y el sentido real de compartir la vida en el mundo.

Cuando entendemos las grandes luces de cada persona y nos desprendemos de la mentalidad carente que nos hace ver lo que la otra persona “no tiene” que esperamos, y aprovechamos la riqueza que sí aporta, entonces los temperamentos, se convierten en la llave mágica para tolerar la diversidad y sumar realmente esta primavera.

Desde mi temperamento, que quiere sumar con el tuyo en este mundo de valores, te deseo una semana en la que aportes lo que tú puedes aportar mejor que nadie.

Feliz día, aquí nos tienes.

Paloma Mesonero-Romanos

 

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