“Uno no se conoce a sí mismo hasta que atrapa el reflejo de otros ojos que no sean humanos“
Loren Eiseley

Si te tuvieses que identificar con un animal, ¿qué animal serías?, ¿Qué animal reúne características propias de ti? ¿Qué visión tienes de ti? Y algo más interesante y sorprendente ¿cómo te perciben los demás? ¿Qué animal crees que van a decir que eres?

Recientemente, como alumno del Máster de Coaching con Design Thinking del Instituto Hune, he tenido la oportunidad de participar de una dinámica de grupo emocionante.

Básicamente ha consistido en escribir en un post-it, con qué animal te identificas y con cuál identificas a cada uno de tus compañeros de clase y el por qué. Posteriormente, cada uno recibe esa visión que tienen los demás de ti y es tu turno para exponer cuál crees que eres.

La vivencia de un ejercicio así, en este caso concreto, tenía un componente que multiplicaba su efecto emocional al tratarse de la última clase del curso. Un curso en el que todos hemos crecido como personas, que nos ha dado la oportunidad de formar parte de un grupo maravilloso y muy heterogéneo, y que más allá de nuestra propia individualidad como alumnos, nos ha hecho disfrutar de una conexión muy especial con personas que no conocíamos de forma previa. Un grupo que se ha ido consolidando con el paso de las semanas, con el compartir del camino del aprendizaje y el autoconocimiento.

¿Qué es cada uno de mis compañeros con los que he atravesado por este proceso de descubrimiento durante estos meses? ¿Un elefante, una mariposa, un delfín, un camaleón, un águila? El animal es solo una representación física de una idea, pero esa idea surge de una pregunta previa: ¿Cómo es mi compañero?

Ya que no le veo físicamente, pues ya no me sirve su envoltorio y le debo de dar uno de animal, tengo que mirar desde la emoción. ¿Cómo me hace sentir?, ¿cómo se relaciona con los otros? Así, las emociones generadas por el corazón, son argumentadas desde la razón en una lista de cualidades que escribes en el pósit y son representadas a nivel cerebral en la imagen de un animal. Cuando piensas en qué animal es esa persona, estás mirando a su interior, a aquellas cualidades que le diferencian de los demás, a su esencia.

Y como le decía el zorro (animal que representa la astucia y la inteligencia) al Principito en un pasaje del libro:

– Adiós – dijo el zorro. – Aquí está mi secreto. Es muy simple: sólo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.

– Lo esencial es invisible a los ojos – repitió el principito a fin de recordarlo.

La palabra esencia viene del latín essentia, que significa: naturaleza, cualidad fundamental, lo que hace que algo sea como es. Este ejercicio te da la oportunidad de mirar y de que te vean con el corazón. Mirar con el corazón permite comprobar que el verdadero valor de las personas emana de dentro y no de fuera.

¿Y qué ocurre cuando miramos al interior de las personas y no a su envoltorio?

¿Qué sentimos y qué aprendemos al ser mirados por los otros desde el corazón?

 

Haz esta dinámica y lo descubrirás: 

Junta a un grupo de personas conocidas. Tu familia, tu equipo de trabajo, tu equipo deportivo, una pandilla de amigos …. y pídeles que anoten en un pósit qué animal es para ellos cada uno de los otros componentes del grupo, y por qué, qué características ven en ellos que les identifican con ese animal. Cierra los ojos y mira.

Identificar a una persona con animal es asociarla con sus valores y cualidades, es una mirada al interior de la otra persona, una mirada desde el corazón.

Una vez todos lo tengan, empezad por un miembro del grupo al que los demás le dicen qué animal ven en él y le entregan el pósit que han escrito.

¡¡Te animamos a comentar la experiencia!!

 

Eugenio Pardo

Alumno del Máster en Coaching & Design Thinking

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