La importancia de educar con el corazón

“La enseñanza que deja huella no es la que se hace de cabeza a cabeza, sino de corazón a corazón” Howard Hendricks

Eric Berne, padre del Análisis Transaccional, definía la caricia como la unidad básica de reconocimiento humano.  Decía que son tan necesarias para la vida como otras necesidades biológicas primarias; necesidades que de no ser satisfechas podrían conducir a la muerte.

El psiquiatra y psicólogo John Bowlby, a través de las investigaciones que realizó en diferentes orfanatos de Inglaterra a mediados del S.XX, concluyó que el cariño que recibe un bebé en sus primeros meses de vida determinará el resto de sus relaciones futuras.

Y es que el afecto es el alimento principal del ser humano. Estamos predeterminados como especie a recibirlo, y su ausencia afecta a todos los niveles de desarrollo en el niño.

Si entendemos, además, que el cariño que recibimos es la manera con la que nos vinculamos con la vida, podemos entender la estrecha relación entre el aprendizaje, la autoestima, la seguridad en nosotros mismos, la motivación, etc. con sentirse querido y funcionar en la vida.

Te proponemos, antes de avanzar, que repases rápidamente las creencias que tienes respecto el afecto y la “buena educación”. Tal vez has pensado alguna vez:

  • Las caricias, los besos, coger a los bebé en brazos, etc. puede malcriar, sobreproteger, hacer menos independiente a los niños.
  • La inteligencia funciona de manera independiente a las emociones.
  • El amor de los demás no es lo más importante, lo primero es amarse a uno mismo.
  • Mostrar las emociones negativas (el enfado y la tristeza, principalmente) puede perjudicar a los niños.

Estos cuatro ejemplos son mitos. Las personas somos seres sociales que aprendemos y desarrollamos nuestra identidad gracias a que existe un otro’. El vínculo entre la madre-padre y el bebé forma parte del  proceso de apego que permitirá que aprenda a gestionar sus emociones a través de sus modelos de referencia.

A medida que el bebé va creciendo, los padres además utilizarán el cariño para gestionar la conducta de sus hijos. Pueden emplear, a modo de premio los besos, abrazos o palabras cariñosas para recompensar las buenas conductas o para conseguir que sus hijos actúen de determinada manera. Y al contrario, negar el afecto si sus hijos no se comportan como ellos esperan.

También hay una vía de regular las emociones, de manera negativa e inconsciente, que es a través del descuento de caricias o afecto a los hijos. Por ejemplo, imaginemos el caso de un hombre al que se le prohibía de pequeño expresar sus emociones. Cuando se convierta en padre, seguramente se sentirá impotente ante las emociones negativas de su hijo y le costará mostrarse afectivo. Las veces en las que su hijo acuda a él para recibir consuelo, encontrará a un padre que intentará eludir la carga emocional. Puede que reste importancia a las emociones  de su hijo (“ya se te pasará hijo”), o que le pida que las supere solo (“venga tranquilízate en tu cuarto hasta que se te pase”), o las niegue (“no es para tanto”) o directamente prohíba la expresión emocional (“no se llora”). 

También hay padres que obligan a los niños a expresar emociones que no sienten para agradar a su entorno. Es común ver cómo se le pide a los niños que sean cariñosos en las visitas, o se muestren alegres cuando en realidad están tristes, apáticos o enfadados.

Las consecuencias que tiene no aprender a identificar –y regular- las emociones auténticas son:

  • Miedo o ansiedad en las relaciones en las futuras relaciones de pareja.
  • Falta de confianza en uno, inseguridad y desconfianza hacia los demás.
  • Necesidad de aprobación social.
  • Dificultades para sentir, para conectar con las emociones propias y ajenas.
  • Personas que pueden pedir mucho cariño pero que no saben dar, etc.

La educación emocional permite que los padres seamos conscientes de nuestras emociones y construyamos relaciones auténticas con nuestros hijos a los que ayudaremos de manera increíble en su vida adulta.

¿Te imaginas el poder que tiene todo esto en sus vidas? ¿Y en la tuya? ¿Qué opinas?

 

Noelia Estévez, 

Psicóloga, terapeuta familiar

Fuentes: 

Holmes, J. Teoría del apego y psicoterapia

Steiner, C. Los guiones que vivimos

 

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