“Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”. 

Ortega y Gasset

 

 Quién soy depende en gran medida de lo que viví .  Si fui testigo y/o víctima del abuso, de la violencia, de la atrocidad…Mi experiencia de adulta se encuentra dividida entre aquél niño que se sintió desprotegido y la necesidad de salir adelante, de ser valiente y capaz. 

Si perdí a mi madre o padre, o si se ausentaron de mi vida desatendiendo lo que necesitaba… Puede que ahora  replique el modelo  evitando conectar con mis necesidades, aunque tenga claros mis objetivos.

Si mis experiencias no fueron las de un niño que se sintió seguro, si todo era difícil… ¡Qué miedo sentir que la vida se mueve y no tienes dónde agarrarte! La incertidumbre puede ser atroz y la necesidad de estar a salvo puede llevarme a relaciones tóxicas.

Las  experiencias del pasado a veces parecen convivir con el presente . Podemos sentirnos como el niño que se sintió carente, desprotegido, inseguro; y por otra parte, intentando que el adulto se ponga al mando de las actividades cotidianas.

Muchas personas tienen miedo de iniciar terapia por la creencia de que el  pasado no se debe remover, que solo puede empeorar las cosas -lo que pasó ya pasó-  y lo que es importante es sacar las cosas adelante. Esto nos sitúa en dos lugares: sobrevivir cómo se pueda, y por otra parte evitar mirar lo que nos incomoda. Ninguna de estas opciones nos hace más felices.

Cuando esto es así ¿de qué manera podemos plantear nuestros propósitos, relaciones?  Ignorar la historia, nos suele conducir a repetir errores.  

La  epigenética es la ciencia que estudia cómo los hábitos y estilos de vida pueden afectar directamente a los genes, transmitirse a la descendencia . Si los hábitos que adquirimos en la familia son nocivos, inevitablemente vamos a ser potenciales transmisores de ellos a la siguiente generación.

Los síntomas están conectados con todo esto, con experiencias anteriores. Por ejemplo, los trastornos disociativos están relacionados con trauma infantil. La manera que encuentra la persona en la actualidad de eludir el dolor registrado a nivel inconsciente, es desconectando, estando ausente de la realidad. Cualquier situación que pueda ser muy exigente, por nimia que parezca, puede provocar la desconexión.

Esto  no significa que seamos víctimas del pasado o estar determinados por él . No puede cambiarse, ni borrarse, pero podemos sanarlo y dejar de sufrir por él.

Por ejemplo, a través de EMDR y con terapia familiar sistémica podemos tomar perspectiva de lo que sucedió (con un doble foco: nuestro cuerpo en el presente, la mirada revisando el pasado) para permitir que el cerebro integre experiencias pendientes que no se pudieron procesar cuando éramos niños. Un niño es incapaz de entender, regular y procesar el abandono, la violencia, la indiferencia, o la debilidad de sus padres. Sin embargo,  el adulto que eres ahora sí se puede hacer cargo del niño y acogerlo para cerrar capítulos dolorosos .

¿Qué piensas de esto?

Noelia Estévez

Psicóloga

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