“Para adquirir conocimientos, uno debe estudiar. Para adquirir sabiduría, uno debe observar” Marilyn Vos Savant

 

 

OBSERVAR – MIRAR

Como adultos ya nos pasa, y con la infancia empezamos a hacerlo también. Miramos, no observamos.

Estamos llenos de estímulos a nuestro alrededor que alimentan nuestros ojos sedientos de colores, movimiento, inmediatez. Nuestra mirada se satisface con lo que ve y elige verlo más. Sin embargo, a veces, no hay una análisis en nuestra mirada. Todo lo máximo que ejecutamos interiormente es “me gusta” o “no me gusta”.

 

La observación es la capacidad de análisis que, frente a todo eso que miramos, nos permite comprender el entramado de lo que tenemos delante y, sobre todo, la utilidad de ello. La observación se cultiva en la infancia y es donde los niños dan sus primeros pasos para hacer este aprendizaje.

 

Que un niño, calmadamente observe y aprenda las cualidades vuestras, vuestros valores familiares y educativos. Que comprenda el lugar que les rodea y, entendiendo sus rutinas, se aventure a explorar.

 

Cuidar la forma de observar del niño comienza cuando son bebés –me atrevo a decir que incluso antes de nacer-. El oído es el primer medio que tienen para tomar contacto con lo que sucede fuera de ellos. Cuidemos las palabras y el volumen que llega a sus oídos. No entienden las palabras, pero son extremadamente sensibles a las connotaciones y a la intención implícita de cada cosa que escuchan. Cuidemos siempre lo que decimos cuando ellos están presentes, hablémosles con la calidez de un bebé y la inteligencia de un adulto. Que en nuestra forma de comunicar reciban seguridad y cuidado.

Después, entrenando su vista, ofrezcámosles un campo de visión limpio y abierto. Sus ojos se van haciendo nítidos y comienzan desde el primer mes a graduar su visión en un juego cerebral de “cerca y lejos”. Este es el primer paso que tenemos para desarrollar la visión en detalle y global y aprender a combinarlas. Empezamos a entender que lo que vemos tiene diferentes profundidades.

 

Es muy común que en las primeras edades rodeemos las cunas, los carritos, las bañeras o el coche con juguetes llamativos que atraen felizmente su atención y les entretienen. Esos colores tan vivos y alegres se hacen irresistibles para los ojos y las manos… Sin embargo, cuando no permitimos espacios de neutralidad y observación en largas y medias distancias este equilibrio entre cerca-lejos a veces se ve truncado. Conviene prestar atención y, en la medida de lo posible, despejar su entorno. Agudizar ambas visiones son importantes para entender la vida con la seguridad del detalle y la flexibilidad de lo global.

 

Los pequeños pueden ir creando una observación neutral y natural de lo que hay. Augusto Cury, en su fabuloso libro “Padres Brillantes, Maestros Fascinantes” habla del Síndrome del Pensamiento Acelerado (SPA) que consiste en que la sobre-estimulación a la que están acostumbrándose los más pequeños cada vez exigirá estímulos más excitantes e impactantes para captar su atención.

 

La autonomía hacia la que avanza el crecimiento de las personas pasa por ayudarles a encontrar su independencia en la acción y emoción durante estas primeras etapas de su desarrollo, ellos ya tienen los recursos para ser utilizados, quizá solo les faltan algunas oportunidades para entrenarlos.

Es común, por ejemplo, ver en los coches a niños con sus televisores delante, o quienes desayunan con un iPad sobre a la trona, estamos acostumbrándonos a ver jóvenes enganchados a vídeos de Youtube en cada rato libre… Sin entrar a valorar cuánto de nuestra vida tiene nuestra atención y cuánta le damos a lo externo, entendemos que todas estas herramientas tienen su utilidad y hoy proponemos una reflexión al respecto.

 

Es una cuestión de hacer partícipes o no a los niños de lo que les rodea. Cuando su misión únicamente es recibir los contenidos elaborados, entonces su pasividad les limita a un reducido abanico de emociones reactivas de lo que ven. Si les damos el tiempo, el espacio y la posibilidad de observar y ser curiosos, entender así los mecanismos que configuran lo que les rodea, entonces estaremos cuidando su base de seguridad sobre su mundo en lugar de llevarles a uno de creencias donde, sin entender, se repiten patrones.

 

Llevan implícita la inocencia, la curiosidad… facilitar que sus ojos miren fuera de ellos y de cualquier pantalla pueda crear adultos más libres, sabios y ojalá felices.

 

Paloma Mesonero-Romanos

 

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