No existe coraje sin dilema ni carácter que no esté forjado por las elecciones más aún que por las victorias.

 Muriel Barbery (La vida de los elfos, 2015)

El conflicto interno

Las personas a veces nos sentimos divididas entre lo que deseamos y lo que pensamos racionalmente que es bueno para nosotros. Disfrazamos los miedos, ponemos etiquetas a las cosas para convencernos que son buenas y justificamos el por qué queremos conseguir algo, y también por qué no lo llegamos a alcanzar.

En los procesos de cambio, es fácil que nos encontremos al principio debatiéndonos entre dos opciones. La primera opción, es la conocida para nosotros. Es con la que hemos estado trabajado toda nuestra vida, es la que nos hace sentir capaces, competentes, prósperos. Además, suele formar parte de nuestra identidad familiar y/o social. Esta opción, la voy a denominar Seguridad.

Pero hay otra opción, que nos hace ver la vida con colores alegres, nos impulsa hacia una nueva aventura, un propósito. Esta opción nos hace sentir entusiasmo, la ilusión de algo distinto… Es más novedosa, aunque hayamos flirteado con ella anteriormente. Puede que también sintamos vértigo, dudas, y que la aprobación social y familiar sea menor. En esta opción está la Pasión.

Cuando pensamos en una y otra las percibimos internamente como opuestas. Una es la parte conocida, otra es la incertidumbre. En una sé que me sentiré capaz y tendré el apoyo social; en la otra siento ilusión, deseo, pero también hay un vacío porque nunca he funcionado desde ella.

El dilema está servido. ¿Seguridad o pasión?

La identidad y el conflicto

Según la Teoría de los Constructos de G. Kelly, las personas construimos nuestra identidad en relación a ideas bipolares (frío-caliente; alegría-tristeza, etc.). Nos asociamos a constructos con los que nos sentimos afines –rechazamos los opuestos- y generamos una realidad que es coherente con la idea de lo que somos.

Por ejemplo, puedo creer de mí que soy una persona empática, sociable y disciplinada. Pero me es casi imposible creer de mí que pueda ser emprendedora. Mis acciones buscarían coherencia con esta idea, por lo que me enfrentaría a situaciones que me lleven a la Seguridad, y eviten el riesgo que pueda suponer la Pasión .

¿Esto significa que estoy limitada para emprender? No, pero yo me identifico con rasgos que no son los de un emprendedor. Lo más importante de esto es entender que desarrollamos nuestra identidad en relación al otro. Las personas necesitamos sentirnos parte de un grupo, queridos por los nuestros, reconocidas por quiénes somos. Si durante mi vida he obtenido un mayor beneficio emocional siendo una persona dependiente, no habré materializado mi necesidad interna de autonomía por falta de aprobación de mi entorno.

El dilema surge cuando tengo una idea de mí mismo/a y la que deseo que entran en conflicto. 

Desarrollar nuevas perspectivas

¿Puedo ser una madre cuidadora de mis hijos y ser una mujer de negocios exitosa? ¿Puedo ser leal a mi pareja y desear a otra persona? ¿Puedo ser una persona libre e involucrarme en las relaciones personales?

Muchas veces el conflicto que vivimos tiene que ver con dar voz a un aspecto de nosotros que estaba en la sombra y consideramos opuesta a la identidad que es reconocida. Es importante saber que dentro de mí lo opuesto también es real, pero sufrimos enormemente cuando surgen deseos que “no deberíamos tener”.

La pregunta es cómo podemos diferenciar deseos que tienen que ver con mi desarrollo -que nos llevaría a la máxima expresión de lo que somos-, con deseos que tienen que ver con huir de algo.

La búsqueda de coherencia interna a través de los valores personales puede dar luz a este tema pero también vamos a necesitar cuestionarnos. ¿Qué va a ser más beneficioso para mí a la larga? ¿Qué significado tendría esto para mí vida? ¿Busco placer o desarrollo? Renegociar con los significados que damos a las cosas sería positivo. La resolución de un dilema, de un conflicto, necesita que seamos capaces de tener una perspectiva amplía.

Reconocer la verdad de lo que somos y tomar una decisión lo cambiará todo.

Noelia Estévez

Psicóloga

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