“Más allá del bien y del mal hay un jardín. Allí te encontraré”, Rumi, poeta persa s.XIII

Estamos viviendo un tiempo excepcional que nos está confrontando con las dificultades habituales de nuestras vidas, a las que tenemos que sumar dificultades nuevas: compartir en el mismo espacio tanto nuestras responsabilidades familiares como las profesionales; encontrar nuevas maneras de atender nuestra necesidad de movimiento y ejercicio en un momento en el que están limitadas nuestras salidas; o atender a nuestros familiares que necesitan apoyo desde la distancia, por mencionar sólo algunas dificultades que estamos afrontando.

Estos ámbitos nuevos se añaden a otros que habitualmente reconocemos: cómo encontrar una solución al problema que tenemos con un vecino; cómo encarar una conversación con nuestro jefe o con un cliente con el que las cosas no están siendo fáciles; cómo abordar la educación de nuestros hijos, de forma cuidadosa y sin renunciar a nuestras necesidades, no ya sólo como padres, sino como seres independientes; cómo conversar con nuestra pareja cuando tenemos una divergencia de opiniones y ahora no quiere abordar el tema…. Podríamos seguir enunciando un sinfín de situaciones que nos ponen en juego y a las que respondemos muchas veces desde una tensión interior que es la que preside nuestra interlocución. Interlocución a las que entramos, en general, con un objetivo claro: lograr que el otro atienda mis demandas actuando tal y como yo lo he definido en mi fuero interno. El problema se agrava cuando el otro nos dice que no a nuestras demandas. ¿Cómo vivir con esto?

Existe una creencia que nos dice que nuestra felicidad sólo es posible en la medida en que nuestras demandas son atendidas en los términos en las que las hemos ideado. Y he elegido este verbo de forma intencionada: ideado, porque no siempre compartimos con el otro nuestras demandas y esperamos a que sea capaz de intuirlas y atenderlas.

Esta dinámica nos aboca a relaciones que son fuente de tensión y de una profunda insatisfacción, relaciones que no son nutritivas, sino que nos restan, merman nuestro equilibrio interior y nuestro bienestar.

La Comunicación NoViolenta nos ofrece una nueva manera de afrontar las relaciones. Nos plantea varias claves, sencilla pero muy efectivas, para ponernos en juego cuando estamos en relación.

La primera de esas relaciones es con nosotros mismos. La Comunicación NoViolenta nos invita a mirar hacia dentro y conectar con nuestro mundo interior en el que viven necesidades que se activan con lo que nos ocurre. En ese camino, las emociones son grandes aliadas que nos ofrecen una información clara, poderosa, precisa sobre aquellas necesidades que están activas en cada momento en nosotros. Conectar con nuestras necesidades, ofrecerles la mirada que requieren, validarlas en su realidad es una de las claves que la Comunicación NoViolenta nos da para reencontrar el equilibrio interior. Por cuanto que una de las principales causas de nuestras tensiones es la falta de conexión con nuestras necesidades, a las que a menudo no damos la mirada y el reconocimiento que necesitan.

Una segunda clave, fundamental, es reconocer la diferencia entre necesidades y estrategias. La dificultad, el desencuentro con el otro existe siempre en el nivel de las estrategias. Por poner un ejemplo de estos días: para muchos de nosotros una necesidad muy activa es la de espacio, la de intimidad y la de desconexión. Estos días en los que el trabajo, la familia, el ocio y la desconexión tienen lugar en el mismo espacio, el hogar, resulta complicado atender con las estrategias habituales esa necesidad de espacio e intimidad. Y sin embargo, podemos encontrar maneras de atender plenamente dicha necesidad, si bien con estrategias menos satisfactorias, con estrategias que me hacen disfrutar menos. Por ejemplo, tomándonos 20 minutos para leer tranquilamente nuestro libro en la terraza, mientras nuestra pareja se ocupa durante ese tiempo de los niños. Son sólo 20 minutos, quizás una estrategia de duración muy corta, porque nos gustaría poder leer durante 2 horas. Pero si nos enfocamos a las necesidades, estamos atendiendo la necesidad de espacio e intimidad y la de desconexión. Y eso nos confiere, por un lado, la satisfacción de la necesidad vista, tenida en cuenta y atendida. Y de otro, la oportunidad también de hacer el duelo por la estrategia que no es posible con las circunstancias actuales de nuestra vida. Plenitud y duelo, ambos perfectamente compatibles.

Como vemos, la Comunicación NoViolenta nos plantea un escenario nuevo y liberador: enfocarnos a las necesidades y no tanto a las estrategias nos hará libres de los apegos en los que vivimos habitualmente. Y dicha libertad me permitirá ir a la relación con el otro desde un lugar más ligero, más liviano, más abierto a escuchar lo que el otro quiera plantear.

La Comunicación NoViolenta nos ayuda también a estar en relación con el otro, a quien escucharemos en clave de emociones y necesidades, y con quien podremos conversar desde la confianza que nos da sabernos capaces de escuchar un NO ante una petición nuestra y seguir explorando posibilidades en las que demos con soluciones, con estrategias, que atiendan las necesidades de ambos.

Podemos afrontar nuestras necesidades, éstas que están tan activas estos días, como son la necesidad de seguridad y salud, de espacio, de intimidad, de conexión de calidad, de escucha y de expresión, la necesidad de empatía y de cuidado, desde la confianza de que sabremos vivir con calma la frustración por las estrategias que no son posibles para nosotros estos días, y sabremos encontrar las estrategias a través de las que sí podremos atender todas estas necesidades, capitales para nosotros y nuestro bienestar. La Comunicación NoViolenta brinda ese espacio de conexión honesta con uno mismo y con el otro, que nos lleva, no sin aprender a vivir la frustración de la renuncia, a vivir relaciones plenas, tanto con uno mismo, como con los demás. Propone un viaje honesto y valiente que merece la pena transitar.

 

Beatriz Martín 

Coach y experta en Comunicación NoViolenta

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