Desde el primer minuto de vida,  la alimentación forma parte de la estructura más profunda de lo que somos . El alimento nos da la vida y nos construye emocionalmente a través del vínculo que existe entre la comida y el apego con los progenitores.

 Una mala relación con la comida muestra un conflicto , algo enterrado que muchas veces desconocemos qué es.  Nos alimentamos para cubrir una necesidad biológica, pero lo cierto es que la comida también es un vehículo a través del que se evocan otras necesidades muy distintas.

Estas necesidades pueden ser sentirse aceptado, amado, reconocido, valioso… Pero también escuchado, ya que la comida expresa lo que no se puede decir.

Comer ansiosamente (o no comer) es una  manera de expresar emociones que no pueden ser reconocidas en el momento que se dan , y se tapan bajo la química que se produce en el cuerpo cuando estamos llenos de alimento; o cuando controlamos no comer.

El  aparente equilibrio lo encuentra la persona cuando satisface la necesidad de fondo a través de la comida . Desde el querer sentirse completo, correspondido, atendido…llenando el vacío engullendo. Otra forma es no comiendo, de tal manera que se puede controlar la atención a través de la preocupación de los demás en nosotros.

En un caso u otro, la persona ha encontrado una homeostasis a través de algo que solo depende de sí misma y sí se puede dar:  la química del amor a través de los alimentos .

Aunque no es auténtica…El amor es lo que no nos llega y buscamos saciarnos de la forma que conocemos. Puede ser a través de la comida, las relaciones, el juego, adicciones…

Conseguimos un aparente balanceo entre las necesidades que necesitamos cubrir y la sensación de estar llenos. Es  el cuerpo el que habla lo que no puede expresar la boca ; y ésta traga para aliviar toda la tensión emocional.

 Engullir produce un aumento de calor, una sensación de adormecimiento cuando empezamos a hacer la digestión . Por momentos, se consigue reducir la tensión, minimizar lo que nos molesta, matar el aburrimiento o disminuir la falta de entusiasmo por lo que tenemos en el nuestra realidad actual.

Encontramos serenidad o una especie de paz en este estado. El  adormecimiento hace el trabajo de disminuir la sensación de las emociones “negativas” . No tenemos que pensar, ni sentir, ni actuar con aquello que nos produce tanto malestar. La comida lo tapa. Pero sabemos que esto no es la solución y que no estamos regulando las emociones ni yendo a la necesidad profunda que origina todo este ciclo.

La  culpabilidad  es lo que llega una vez que hemos aliviado nuestras necesidades de una manera que sabemos que no soluciona nada, cuando comemos cuando no queremos o dejamos de comer sabiendo que todo ello son forma de maltratarnos.

La voluntad parece no estar, ni las razones poderosas para parar el ciclo vicioso en el que nos metimos una vez, aquella en la que encontramos bienestar a través de la comida.

En estos momentos,  en la situación de alarma por el coronavirus, estamos acudiendo más a la comida para aliviar el miedo y la inseguridad . Estar encerrados en casa hace que disminuyan los habituales distractores con los que podemos dar esquinazo a las emociones. También hay más estresores en nuestra vida, pese a la aparente paz dentro de una casa, además el movimiento está limitado.

Normalmente, la persona que se alimenta emocionalmente siempre encuentra alguna razón para comer de la manera que come.

Esto es importante que lo tengamos en cuenta porque en la medida que nos decimos las cosas que nos decimos, también  encontramos las excusas habituales para hacer siempre lo mismo. 

Entonces ¿cómo romper este círculo vicioso?

Antes de nada entendiendo cómo funciona este círculo en cuatro niveles:

  • El nivel físico: los comportamientos que tienes en relación a la comida; la química de algunos alimentos que generan adicción
  • El nivel emocional: cuáles son las emociones que no toleras e intentas tapar a través de la alimentación emocional (profundiza lo más que puedas en esto)
  • El nivel motivacional: encontrando la necesidad que hay debajo de tu manera de alimentarte. Lo más importante es aprender a detectar qué activa todo el círculo para poder pararlo. Siempre hay una emoción conectada a una necesidad
  • El nivel mental: a través de la conciencia de todo esto y tomando decisiones distintas.

El  inicio de cualquier cambio siempre es desde lo físico . No podemos pretender tomar decisiones saludables si no manejamos nuestro comportamiento. 

La manera que tenemos de funcionar desde este nivel es restringiendo los alimentos que tomamos a través de las dietas. Las  dietas suelen formar parte del círculo vicioso . Alimentarse en exceso y dejar de hacerlo de manera automática cortando de raíz es lo que normalmente hacemos. Buscamos sentirnos satisfechos con el cuerpo buscando en este la imagen que deseamos de nosotros. La confusión es que utilizamos el cuerpo para modelar lo que no nos gusta, pero el vacío no desaparece con una dieta.

Auto cuidarnos es la respuesta, aprender a llenar nuestro vacío de una manera saludable. Para ello, no nos castiguemos con dietas y empecemos a encontrar maneras de darnos buen amor. Desde ahí, la necesidad de gustar será hacia dentro.

Noelia Estévez

Psicóloga

 

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