Cuando el amor parece perdido

“En tu relación con cualquier persona, pierdes mucho

 si no te tomas el tiempo necesario para comprenderla” Rob Golston.

Esther Perel en su libro “Inteligencia Erótica” establece una primera pregunta que es el eje de su trabajo: ¿Cómo es posible mantener el deseo y evitar el desgaste en la pareja?

Esta pregunta, que articula su investigación, hace que vayan surgiendo otras preguntas tales como: ¿Podemos sentirnos libres y a la vez comprometidos en una relación? ¿Cómo se equilibra la necesidad que tenemos todos de seguridad y a la vez de cambio? ¿Podemos evitar caer en la monotonía?

Las personas nos cuestionamos, antes o después, la relación que mantenemos con nuestra pareja. La pasión normalmente desaparece a los tres años, y con ello a veces también la intensidad y la mirada positiva de lo que sucede en el seno de la pareja.

La imagen idílica con la que la pareja se unió, va cediendo a una más real en la que “el yo” y “el otro” empiezan a desencontrarse y surgen las primeras decepciones: “¿Dónde está él, tan seguro y decidido? ¿Dónde está ella, tan libre y soñadora?” El yo real puede dar al traste con el cuento de hadas y sentirnos defraudados, traicionados, incompletos…

Las historias de amor están, sin embargo, llenas de realidades y hay quiénes se mantienen construyendo una y otra vez la pareja. Otros buscarán en un tercero esa ilusión del principio, y hay quiénes la sensación de seguridad, para sí mismos y/o los hijos, es mejor que afrontar un período de separación que puede ser difícil.

Sea cual fuere el asunto que genera el conflicto, las parejas de larga duración en un momento de su ciclo vital tendrán que hacerse preguntas para resolver la crisis, inevitable y necesaria, sobre sí mismos.

Amor, libertad y soledad

Desde los últimos 50 años, los movimientos sociales, como el feminismo, han dado paso a nuevos modelos familiares y formas de concebir las relaciones. La monogamia, el matrimonio, las parejas que deciden tener hijos, etc. va en decremento y aumenta, en cambio, la necesidad de libertad y una manera distinta de explorar el amor. 

Los cambios sociales conllevan cambios en la persona, y el S.XXI es la era del individualismo. El yo está tan instalado en nuestras cabezas que a veces resulta difícil pensar en el Yo y a la vez en el NosotrosEste yoismo, sin embargo, no ha eliminado la necesidad de amar y ser amados, ni tampoco el miedo a no ser correspondidos. Queremos tener en el cuerpo esa sensación que solo lo provoca el enamoramiento, y por ello estamos dispuestos a todo incluso a renunciar a la idea que tenemos de la libertad.

La pasión del inicio, que nos mueve interiormente de tal manera que sentimos que vamos a perder el control, es el inicio y el fin del amor. Nuestra cabeza empieza a hacerse preguntas en bucle tales como: ¿y si no me quiere tanto como yo le quiero? ¿y si soy solo un capricho pasajero? ¿y si le gusta otra persona? ¿y si se da cuenta de que no soy perfecto/a? ¿y si no le gusta mi cuerpo? El miedo a la pérdida, a la falta de reciprocidad, a no ser correspondidos, en gran medida nos lleva a querer domesticar el amor

Hay personas que nunca se dejarán “domesticar”, otras que cederán y se perderán en las relaciones, otras que empezarán una y otra vez relaciones sin saber por qué fracasan.

Recuperar el amor

¿Es posible volver a conectar con tu pareja con la que convives desde hace más de 10 años? ¿Es posible estar solo y acompañado a la vez? ¿Es posible encontrar a la persona adecuada?

El amor toma diversas formas, a través de distintas personas que aparecen en nuestra vida para traernos algo. A veces es tristeza, a veces es alegría, a veces es conciencia, a veces son hijos. 

La manera en la que nos relacionamos con cada persona conecta con parte de una historia anterior. En esa historia están antiguas relaciones del pasado pero también la de nuestros padres, abuelos, bisabuelos, etc. Formamos parte de una cadena de amores y desamores en la que nosotros somos la última expresión.

Nos conectamos con las personas por algo que viene de lejos, pero también por nuestros deseos más íntimos de realización. En todo ello, hay una mezcla de sabiduría y también de aprendizaje. Sabemos, internamente, que hay muchas manera de amar pero solo hay en la que no nos hacemos daño. ¿Cuál es?

De esa respuesta empieza el camino para Recuperar el amor.

 

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