Nunca dudes que un pequeño grupo de ciudadanos comprometidos puede cambiar el mundo. De hecho, sólo eso puede lograrlo”

Margaret Mead, antropóloga cultural

 

El año 2019 ha llegado cargado de citas electorales en nuestro país: elecciones generales, autonómicas, municipales y europeas.

Los políticos que nos representan o que aspiran a ello -y los asesores que trabajan en sus respectivos gabinetes- elaboran estrategias y mensajes que impacten a los ciudadanos: su objetivo es persuadirnos con sus propuestas para lograr el favor de su partido en las urnas.

Una vez configurados los elementos diferenciadores que los van a distinguir del resto de partidos, los candidatos memorizan y aprenden esta información, ensayan las posturas y gestos “políticamente correctos” y utilizan su mejor sonrisa para sumar votos.

El valor que tiene la Comunicación no Verbal es permitirnos identificar cómo estos candidatos configuran los mensajes y lo que piensan en realidad, dado que lo llevan al cuerpo: las microexpresiones en sus caras, los gestos y las posturas que ponen de manifiesto las emociones que están experimentando con lo que dicen/hacen -o les dicen-, son algunas de nuestras herramientas de trabajo.

Joaquina Fernández expresaba que “los seres humanos llevamos a lo no verbal lo que no podemos expresar verbalmente”. Y esto es algo que todos captamos en nuestro inconsciente, sepamos o no “traducir” su significado… Eso es lo que nos ha sucedido a los ciudadanos que durante estos meses hemos seguido en televisión los debates celebrados o las entrevistas realizadas a los candidatos: ¡hemos visto actitudes! Y sobre ellas nos hemos generado percepciones e ideas sobre ellos.

Ahora bien, la Comunicación no Verbal es una disciplina muy potente para favorecer la autenticidad de los discursos de los políticos. Esto significa que permitiría a los asesores la adaptación de los mensajes del partido a cada candidato de forma personalizada. La base sería la observación y el análisis de la competencia preferente del candidato para ver cómo enfoca su discurso y cuál es su plan de desarrollo. También su temperamento predominante y cómo el candidato lo expresa a través de su mundo emocional y su comportamiento. A ello se añade su somatotipo y la configuración corporal, dependiendo de su movimiento y su relación. Además se suma el mapa mental que utiliza para buscar la información. Y, como guinda al pastel, la marca de prestigio que necesita tener. El resultado es el liderazgo, que en política nos hablaría de la coherencia o incoherencia de los candidatos.

Precisamente en política hay cinco conceptos que, si les sumamos la aportación de Joaquina Fernández desde la Comunicación no Verbal, añadirían una perspectiva integral y más interesante:

  • La CAPACIDAD es el potencial de la persona y, para ello, lo primero es conocernos a nosotros mismos.
  • El CRITERIO llega a través de los sentidos, de manera que tu criterio abre el de otros. Por lo tanto, una persona con los sentidos dañados nos transmite que carece de criterio o que hay algo a resolver en él. Ejemplo de ello es apreciar que en un líder sin imágenes algo se ha parado o que la visión se ha hecho selectiva ante los problemas; un líder con la kinestesia dañada elegirá a las personas de su equipo por preferencia e interés en lugar de hacerlo por el conocimiento y el valor que aporten al proyecto; y un líder con lagunas auditivas o que recuerda palabras de desprecio nos pone en la pista de que ha escuchado palabras negativas o que no quiere escuchar su parte desagradable.
  • La HONESTIDAD es la capacidad para que la persona sea ella misma por encima de todo, de manera que los seres humanos seguimos al líder que muestra criterio, capacidad y honestidad.
  • La MOTIVACIÓN es un estado en el que sabemos lo que queremos y, por lo tanto, decidimos que queremos hacer las cosas, que queremos relacionarnos, que queremos sentir…
  • El LIDERAZGO permite la apreciación interior porque le dice a la persona lo que funciona y no funciona en ella y esto lleva a apreciar todo en su justa medida, tal como dice el refrán. Sin embargo, el liderazgo que no está trabajado une la persuasión (querer que te entiendan) con la manipulación (querer que estén contigo, transmitiendo entonces que en la persona todo es siempre estupendo).

La única forma de adquirir liderazgo es que las personas te vean, te sientan y te oigan de forma auténtica…: desde aquí te pueden seguir. En caso contrario, hay algo en lo que falla el candidato y entonces su líder desaparece: este es el ejemplo claro de por qué los resultados de las encuestas electorales o a pie de urna disienten de los resultados electorales reales. Y se relacionaría con algo que también decía Joaquina Fernández: “el excesivo agrado o el excesivo desprecio son patologías del liderazgo”. Para trabajarlo, es importante que el líder evite decir cosas negativas y abordar las situaciones conflictivas desde aquello en lo que se puede profundizar y mejorar.

El líder del s.XXI sabe que, si alguien no gana, todos estamos perdiendo. Eso le lleva a ser un realizador (establecer objetivos y lograr resultados); un creativo (generar un proyecto que permita conectar con las personas para establecer relaciones provechosas a todos); un gestor (del tiempo, de la vida…); y un innovador (aportar y comunicar nuevas ideas).

A pesar de todo ello, en nuestra sociedad se habla del liderazgo como un elemento “mágico”: los políticos “tienen que ser” líderes; las empresas solicitan competencias relacionadas con el liderazgo en las ofertas de empleo que publican; existen cursos sobre cómo ser un líder en “XX pasos” o a través de “XX consejos”, etc. 

Y, sin embargo, todavía resulta complejo encontrar líderes reconocidos en cualquier parte del planeta que generen movimiento real de transformación en la sociedad. Entonces, ¿qué estamos olvidando o qué está dejando de funcionar en cada uno de nosotros de manera práctica? Desde la Comunicación no Verbal tenemos algo claro: el proceso. Un líder solo puede desarrollarse y convertirse en ello si realiza su propio proceso, es decir, aprender sobre sí mismo: apreciar lo que ya es/vale y conocer sus áreas de mejora para superarse. ¿Qué significa esto? Algo aparentemente sencillo: trabajar en nuestro liderazgo preferente disfrutando, esto es, desechando la idea de que hay algo que tenemos que eliminar y sumando todo aquello que nos permite crecer para reconocernos, aceptarnos y aprender.

La gran noticia es que todos los seres humanos tenemos la habilidad de ser líderes. Adquirir la competencia para serlo parte de una decisión personal. Solo algunos se comprometen con su propio proceso y se movilizan para lograrlo a través de su “camino del héroe”, mientras que otros se pierden en un “antihéroe” que cree que ha olvidado quien es como excusa para no hacer.

Por lo tanto, ante las cuestiones que surjan en nuestras vidas, es importante preguntarnos: ¿Puede mi propio liderazgo ayudarme en la tarea de liderar a otros (familia, personal a mi cargo en el trabajo, entorno social en el que me muevo, ciudadanos que me otorgan su voto en las elecciones…)? ¿Siento que algo me impide ejercer mi liderazgo? ¿Quiero y me merezco liderar mi vida?

Si la respuesta a estas preguntas es un sí, os animamos a iniciar un viaje en el que la Comunicación no verbal permite al líder que está en ti ser “el hacedor de su destino” (Joaquina Fernández). Y, desde ahí, liderar a otros.

Mª Ángeles – Equipo CNV

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