El síndrome del impostor

Al éxito y al fracaso, esos dos impostores, trátalos siempre con la misma indiferencia. -Rudyard Kipling-

¿Qué es el éxito? ¿Qué es el fracaso?

El ser humano vive con anhelo el ser reconocido, y en privado el miedo a no ser suficientemente bueno.

Aunque no todo el mundo desea tener un gran reconocimiento en su carrera profesional, muchos de nosotros tememos que las personas se den cuenta de que no somos lo que parecemos y que queden en evidencia nuestras carencias. Ante esto, algunos pueden dedicar su vida a desarrollar sus competencias enfrentándose a sus áreas de mejora, otros a acumular conocimientos o méritos, y otros puede que decidan esconderse de la mirada ajena. 

Las preguntas que me hago ante el miedo al éxito o al fracaso son: ¿De qué estamos hablando en realidad? Tener éxito ¿es ascender profesionalmente? ¿Un gran número de seguidores en redes sociales? ¿El prestigio? ¿Estamos en un mundo donde debemos parecer que sabemos o debemos desarrollarnos para saber? 

¿Qué es el síndrome del impostor?

El síndrome del impostor lo acuñó por primera vez Pauline Clance en 1978 para referirse a la inseguridad que sienten las personas hacia su propia habilidad y el miedo a ser descubiertos por los demás.

Las personas que sufren este síndrome no se creen merecedores del éxito que ya obtienen, y les preocupa decepcionar a los demás. Los rasgos comunes son: distorsiones cognitivas hacia la propia habilidad, un gran miedo al fracaso y sentirse humillados.

Esto implica que las personas que se creen impostoras, tengan bajas expectativas sobre el resultado, independientemente del que obtengan. Puede que asciendan en su trabajo porque son capaces de funcionar, pese al miedo, y otros postergarán continuamente dar pasos para crecer.

En el fondo piensan que nunca serán suficientemente buenos, que sus aspiraciones son fantasías. Sin embargo, viven en una continua contradicción porque se exponen profesionalmente a ser evaluados. Este síndrome es común entre personas que quieren ascender, ser reconocidos en los medios, comunicar un mensaje que llegue a un gran público, influir en equipos, etc.

Esto me lleva a pensar que conocen su trampa y son capaces de enfrentarse continuamente a ella, pese a creer que no son suficientemente buenos. ¿O en el fondo sí piensan que lo son? Seguramente, detrás de cada uno de los que dicen ser impostores, lo que hay es una exigencia a ser perfectos. El listón que se ponen es lo imposible, no las capacidades que tienen para conseguir lo que se propongan.

Las posibles causas del síndrome del impostor

  • Exceso de reconocimiento en la niñez. El adulto que de niño ha recibido muchos halagos, al que se le ha dicho que todo lo que hace está bien, que destaca sobre los demás, etc., vive con enorme dolor darse cuenta que la realidad fuera de su hogar es otra. 
  • Falta de reconocimiento en la niñez: Por el contrario, puede que de niño no haya vivido el suficiente reconocimiento. O bien porque sus padres han sido demasiado críticos, o porque ha sido comparado con otros niños (normalmente hermanos). Cuando es adulto, no encuentra dentro de sí los recursos para validarse. Piensa que todo lo que hace es insuficiente.
  • Creencias respecto al éxito y al fracaso. ¿Qué piensas que es el éxito? Y, ¿el fracaso? Las personas a veces tenemos una idea distorsionada de cuál es la meta, y también de lo que significa el fracaso. Puede que se crea que el éxito es para unos pocos, que son necesarias grandes habilidades, etc.  Por otra parte, sería bueno revisar los mensajes internos tal vez hipercríticos.

El camino hacia la autenticidad

El camino para triunfar es ser uno mismo. Esto significa pensar con detenimiento qué es lo que es importante para ti, y que tus decisiones sean tomadas acorde a tus motivaciones reales. Hay personas que dicen desear ser reconocidas y ascender profesionalmente, pero luego sufren por renunciar a una vida sencilla y familiar. Hay otras personas que realmente quieren ser reconocidas en su trabajo, y se esconden por miedo a fallar.

Una vez revisado qué es lo que te hace feliz, no dejes que las excusas te paralicen. Nuestra propuesta es:

  • Deja de acumular conocimientos o méritos y lleva al terreno práctico los que ya se tienes
  • Actúa pese al miedo
  • Entrena para sentirte cada vez más capacitado/a
  • Jamás te compares con otros

 

La riqueza de cada persona está en que es única.

¿Tú qué opinas?

Noelia Estévez

Psicóloga

También te puede interesar:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.