“Uno puede defenderse de los ataques. Frente al elogio se está indefenso”. SIGMUND FREUD

 

¡Menuda pregunta! ¿El elogio destruir? Todos sabemos cuan necesario es cuidar a los niños y reforzarles en todas sus capacidades, que en su primera etapa tomen confianza en sí mismos.

 

¿Qué tiene de malo un elogio? Pues bien, os adelanto resultados:

  • Temor al fracaso y a defraudar expectativas
  • Menor inclinación al esfuerzo
  • Destruye la autoestima cuando comprueban la realidad

 

Vamos a verlo juntos…

En 1990, dos psicólogos de la Universidad de Columbia realizaron un estudio con más de 400 niños para estudiar los efectos del elogio en niños.

El estudio consistía en cuatro pruebas y en comunicar de 3 formas diferentes los resultados a los pequeños participantes.

 

Todos realizaron las mismas pruebas.

Tras la primera, a un grupo de niños les dijeron que habían sido espectaculares. Que debían ser genios. Los resultados habían sido asombrosos.

A un segundo grupo, se le dijo que los resultados estaban bien. Que habían logrado superar el 80% de los problemas planteados.

Al tercero, no se le dijo nada al respecto y se les pasó a todos a la segunda prueba.

En una segunda fase del experimento, a todos los niños se les proponía elegir entre problemas difíciles donde poner todas sus capacidades en juego, o elegir pruebas sencillas que no supondrían ningún reto para ellos. Pues bien, el 65 % de los niños que habían sido elogiados como “geniales”, “genios” y “los mejores” optaron por las tareas más sencillas. Mientras que solo el 45% de los niños a los que no se les dijo nada optaron por una tarea fácil.

 

En la tercera prueba, a todos los niños se les propusieron problemas más difíciles que los que pudieron hacer en la primera prueba. Para, a continuación, preguntarles si habían disfrutado de la tarea y si harían ejercicios similares en casa. La proporción es devastadora. La inmensa mayoría de los niños elogiados, afirmaron no haber disfrutado de la tarea negando sus ganas por hacer pruebas de este tipo y desistiendo de continuar con algunos problemas ante la dificultad. Sin embargo, los niños no elogiados se mantuvieron más tiempo ante el reto y disfrutaron, en su mayoría del desafío.

 

Por último, a todos los niños se les volvió a poner un ejercicio de la misma dificultad que el primero, y, sin embargo los resultados fueron asombrosos:

 

Los niños elogiados sacaron los resultados más bajos, empeorando incluso su propio rendimiento.

 

En los otros dos grupos, se mejoraron en la mayoría o se mantuvieron las calificaciones iniciales.

 

Como resultado, los niños elogiados por su inteligencia y capacidad:

  • Evitaron el reto y optaron por tareas sencillas
  • Vivieron estrés y no disfrutaron de las pruebas tras el elogio
  • Bajaron su rendimiento

 

¿Quiere esto decir que todos los elogios son destructivos?

 

No. Lo que resultó de este estudio, y es lo que os invitamos a conocer hoy, es que la felicitación sobre el resultado y el esfuerzo es lo que mueve a los niños a valorarse, a crecer en sus resultados y a sentirse reconocidos y aceptados.

Si revisamos los resultados de quienes fueron felicitados con “Lo has hecho bien, te has esforzado y has resuelto el 80% de los problemas”, el 90% de ellos optaron por la segunda prueba difícil (asumiendo el reto y la confianza para acometerlo), disfrutaron del desafío y mejoraron sus propias puntuaciones.

 

¿Cómo entonces elogiar y reforzar a nuestros pequeños?

  • Hazlo específicamente. Es decir, en lugar de afirmar “eres un artista”, habla de lo bien representadas que están las formas en los dibujos o lo alegre de la combinación de colores elegida.
  • Elogia los resultados y el esfuerzo. Recuerda que si lo haces directamente a la capacidad sumará tensión y puede llegar a no esforzarse en las próximas veces.
  • Que sume confianza, no presión. A veces, volcamos sobre los niños nuestras expectativas, o nos vemos reflejados en ellos y esperamos que cumplan con los retos que nosotros pudimos fácilmente, o que quedaron como aspiraciones. Necesitan saber que estamos con ellos sean cuales sean los resultados y capacidades. Debemos inculcar la valoración propia antes que la ajena.

Cuidémosles, démosles nuestros mejores ánimos, valoremos lo que hacen y cuánto consiguen en su camino de crecimiento. Y sobre todo, liberémosles para que ellos mismos encuentren la magia y genialidad que desarrollarán no por nosotros, sino por ellos mismos y su felicidad.

 

Paloma Mesonero-Romanos

Psicóloga. Especialista en Terapia durante la infancia y adolescencia

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