“Es esta cosa intangible, el amor en sus múltiples formas, lo que se introduce en toda relación terapéutica. Es un elemento que el médico puede llevar consigo, que sana, que consuela y restablece, que opera lo que hemos de llamar, por ahora, milagros” Karl Menninger

 

Los psicólogos han demostrado que  es posible medir los efectos del amor sobre el cuerpo . A un niño que no se le ama, presentará retrasos en su desarrollo madurativo, e incluso puede morirse.

Los efectos del amor aumenta la función del sistema inmunitario, permite afrontar el dolor y superarlo. La soledad, sin embargo, nos debilita, anula la esperanza y la ilusión por la vida.

 El amor protege y cura .

Nuestro sistema de recuperación está vinculado con la capacidad que tiene el cuerpo de sanar ante una enfermedad, pero también con la  creencia que tenemos en poder curarnos . En ello, las creencias y el afecto están vinculadas.

El efecto placebo es una muestra de lo primero. El placebo es una sustancia que no cura pero produce un efecto terapéutico si el enfermo la toma convencido de que es un medicamento realmente eficaz; tiene el mismo aspecto, gusto y forma que un medicamento verdadero pero está hecho de productos sin ningún principio activo.

La  medicina utiliza el poder de las creencias a través del placebo . Recetan creencias esperando que sean las propias expectativas de los pacientes lo que movilice su sistema inmunológico.

Por otra parte, está la esperanza en la curación. Para ello, la comunicación con una persona enferma, el afecto que le transmitamos, esperanza, complicidad, humor, cariño…es imprescindible.

Un médico sabe que puede dar una noticia terrible a una persona y a la vez transmitirle esperanza o anularla completamente. Los mensajes formulados con palabras son traducidos por el hemisferio derecho en un lenguaje no verbal, para que podamos entender el conjunto completo.

Por tanto,  no es solo lo que se dice sino cómo se dice . Las palabras son tan capaces de sanar como de matar, y todos los médicos deberían tener conciencia de ello, así como el conjunto de la sociedad que está más dispuesta a validar los datos técnicos y empíricos que a dar paso a lo no tangible, lo no verbal e inconsciente, y afectivo como elementos imprescindibles para la curación de una persona.

En 2020, en plena pandemia de salud mundial, esto carece de reconocimiento.

Las personas enfermas, ya sea de coronavirus o de otra enfermedad, están solas en los hospitales. Miles de estudios, más de 50 años de investigación sobre el efecto del apego en la salud mental, no tienen cabida cuando hablamos de salud física y el riesgo de muerte de una persona.

Es comprensible, en un primer momento.

El sistema de defensa, el que se activa en nuestro cerebro reptil para protegernos de cualquier riesgo, es el que nos mueve a garantizar la seguridad física. El miedo, la parálisis, son respuestas naturales. Las reacciones ante ellas son proteger nuestra salud física, familia, dinero y pertenencias. Lo afectivo no es en los primeros momentos una prioridad.

La respuesta de la sociedad ante el peligro, es el mismo que se produce en el interior de nuestro cerebro. Estamos protegiéndonos. El sistema de alarma ha garantizado minimizar los riesgos.

Sin embargo, esto es solamente la primera respuesta.  Nuestro cerebro es social, necesita a los otros para sobrevivir.  Un tratamiento médico sin un acompañamiento emocional ante la enfermedad, limita nuestras esperanzas y perjudica gravemente la recuperación de las personas.

Por otra parte, se ven afectadas familias completas ante la enfermedad de un ser querido y la imposibilidad de dos derechos emocionales fundamentales:  acompañar en la enfermedad , y en el peor de los casos hacer una buena despedida para iniciar el duelo.

El poder sanar a las personas implica tratar a éstas en su conjunto. Las personas tenemos necesidades físicas, que garantiza el sistema médico, pero también emocionales, intelectuales y espirituales.

¿Cómo estamos dando respuestas a ellas como sociedad?

Mientras las personas enfermas estén aisladas en un hospital o encerradas en casa sin asistencia de sus familiares, no estamos ayudándolas.

Las personas no somos islas a las que podamos atender por partes. No podemos ayudar a la recuperación si no damos soporte a lo emocional.

Necesitamos humanizar nuestro sistema de salud para formar parte de él. Los médicos y enfermeras están más solos que nunca, los enfermos y sus familias también.

¿De qué manera podemos ayudar?

Noelia Estévez,

Psicóloga

4 respuestas a “El amor también protege y cura”

  1. María Luisa dice:

    Una gran reflexion.No es lo mismo llorar solo que acompañado.Debemos de hacer una mirada holística.El ser humano es biopsicosocial.Y las palabras son muy importantes y deben acompañar en estos procesos.Y escuchar , dejar que los silencios hablen. Simplemente acompañar con un gesto de cercanía.

    • Noelia Estévez dice:

      Muchísimas gracias María Luisa por tu comentario. Las palabras pueden ser todo cuando estamos en situaciones tan delicadas, verdad? Palabras de cariño o palabras que nos atemoricen. Gracias por compartir. Un abrazo grande

  2. MARÍA IGLESIAS dice:

    Me ha encantado, totalmente de acuerdo con lo que escribes Noelia. Muchas gracias por compartirlo, y dar mayor luz a toda esa situación y a la vida en general. Y, Ojala !! algún día se tenga en cuenta todo esto, que verdad que es, al menos para mi.

    • Noelia Estévez dice:

      ¡Ojalá! Gracias por compartirlo con nosotros. Sueño con el día en el que todo se tenga en cuenta en las necesidades del ser humano. Si nos olvidamos de ello, nos olvidamos en el fondo de todo lo que necesitamos. Un abrazo muy grande e muchísimas gracias por tu mensaje.

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