Entender la educación sin teoría

“La infancia es fugaz. Que nuestra obsesión por corregirla no nos impida disfrutarla”. Carlos González

 

Atravesamos una era en la que la información está a un solo click. Contamos con tutoriales, blogs, moocs y la capacidad de conectarnos mundialmente con millones de fuentes de información. Vivimos tranquilos porque todo lo que no sepamos hacer siempre tiene un superventas que nos dirá cuáles son los pasos a seguir.

Sin embargo, no nos engañemos, los libros no traen fórmulas mágicas. Acercan claves y pasos que pueden funcionar, siempre y cuando se integren en tu plan de acción y en la vida que para ti has decidido tener.

Sobre educación hay infinidad de libros, blogs y expertos. Pero hoy reconozco que, en la educación que experimentas y manejas día a día, nadie hay más experto que tú.

Quizá el miedo más importante a quitarse es el de “no saber hacerlo”. Obsérvate, siéntete, escúchate. Lo primordial que necesita un niño de ti lo traes de serie.

Seas madre o padre, abuelo, profesor… tu conexión con los más pequeños pasa primero por las raíces más instintivas y más emocionales de tu ser. Para esto no hacen falta libros…

Tu primera conexión será desde el cuerpo, la seguridad, tu posición y la garantía de supervivencia que le ofreces. Ofrecerle un techo, calor, alimento, descanso seguro, tu atención… PROTEGERLE. Si tu hijo se sostiene en tus brazos, si se alimenta cada día, si duerme arropado cada noche, si recibe de ti la atención primera que le quita sus miedos, entonces has superado un gran paso de forma natural… ¿Te lo reconoces? ¿Te gratificas por ello? Eres autodidacta en esto, tú mismo fuiste el gurú.

Aunque pienses que a día de hoy es algo que se da por hecho, debes saber que lo primero que tu niño necesita es que atiendas su primera necesidad de seguridad y es bueno que reconozcas que lo estás haciendo bien. Es tan instintivo y está tan grabado dentro de nosotros este programa que te requerirá más esfuerzo cuidarte a ti mismo y de tu descanso en este proceso.

En segundo lugar, y cuando este primer aspecto de seguridad está cubierto, la necesidad infantil es emocional. Tras esa supervivencia diaria, el sistema satisfecho se abre a un mundo emocional donde lo cálido, la voz melodiosa y el clima del entorno nutren nuevas capas del cerebro infantil. Pasa de ser un cerebro atento a la seguridad con un circuito muy instintivo de funcionamiento, a ser otro más conectivo, perceptivo y emocional.

Necesita el contacto con tu piel, la ternura y el juego cómplice. La estructura cerebral de esta fase emocional no se establece realmente hasta que pasado el primer año de vida, sin embargo, las primeras raíces están creciendo incluso en sus primeros días.

Ahora bien, ¿cómo distinguimos una necesidad de otra? ¿cómo reconocemos una queja infantil sobre seguridad a una sobre cuidado? Ojalá los niños pudieran hablarnos y decir exactamente qué están necesitando de nosotros como cuidadores… Pero la tarea de convivir con niños va más allá de una mecánica de necesidad-servicio. Implica un entramado bidireccional donde conviene, antes que libros, mucha quietud.

Requiere la confianza suficiente en uno mismo para permitirnos comprobar que sí podemos, que sí entendemos lo que quiere y que de forma instintiva se lo damos. También pide tu disfrute en el proceso, que goces de las emociones que vas sintiendo al tener un niño en tus brazos, al olerle o al escuchar esos sonidos que hace cuando juguetea mirando hacia no sabes dónde… Siente la relación y conectarás con un cuidado que no pide información, sino la respuesta más coherente con la experiencia educativa que estás viviendo en todo tu ser.

Solo después de estos pasos, entonces vendrán los libros. Si llegan antes, corremos el riesgo de supeditar nuestra naturaleza a la teoría de los expertos y es que… vuestros niños no quieren expertos, os necesitan a vosotros.

 

Paloma Mesonero-Romanos

 

 

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