Todo poder humano se forma de paciencia y de tiempo” Ralph Waldo Emerson

En el cerebro se encuentra la historia de la humanidad. Podemos entender por qué huimos o luchamos cuando nos encontramos en peligro, porque necesitamos a otras personas para compartir cómo nos sentimos o por qué somos capaces de inventar cosas que nos hagan la vida más fácil. 

Desde que nacemos, nuestro cerebro está dotado de todo aquello que necesitamos para desenvolvernos con éxito en nuestro camino. Durante los primeros años de vida, será necesario que haya personas en nuestro entorno que nos acompañen y ayuden a despertar estas capacidades. Al principio, será básicas como adquirir rutinas de higiene, sueño, etc.  Más adelante, necesitaremos descubrir el mundo a través de nuestro cuerpo e iremos conectando con capacidades superiores que nos ayudarán a comunicarnos, leer, sumar, etc.

Nuestro cerebro requiere una serie de condiciones para que seamos la persona que hemos venido a ser. En este post trataremos las 4 primeras claves neuroeducativas.

¿Cómo podemos favorecer el desarrollo del cerebro en el niño?

1. Respetando el ritmo natural de aprendizaje de cada etapa evolutiva

Según Erik Erikson, médico y psicólogo estadounidense, en cada etapa el niño tiene que resolver una dificultad (él lo llama “crisis”), para incorporar un aprendizaje que le sirva en las etapas sucesivas. Por ejemplo, en la primera etapa evolutiva que va de 0 a 4 años, el niño debe aprender a ser autónomo y confiar en sus capacidades. 

Joaquina Fernández, al principio de su libro Piensa en ti, nos habla de la importancia de respetar el ritmo natural de desarrollo en el niño cuidando que el adulto no interfiera en él. Nos pone como ejemplo los primeros intentos que hace el niño de 12 meses para ponerse de pie solo, buscando en su cuerpo la fuerza y el equilibrio. Ella nos dice que si adulto interfiere en este proceso, cogiendo al niño de las manitas para que avance con su ayuda o  lo coloca de pie para que sus piececitos se soporten en el suelo, estará bloqueando la capacidad innata del niño de aprender a través de la comprobación de los límites que experimenta en su cuerpo. Cuando él niño sienta la suficiente fuerza en sus piernas, que es capaz de equilibrar su cuerpo para adoptar una postura erguida, etc. probará a levantarse. Se caerá una y otra vez, y al contrario que nos pasa a los adultos, no se frustrará. Sabrá cuándo es el momento para empezar a andar.

Su confianza surgirá del descubrimiento que hace de sus logros y construirá el conocimiento a partir de los resultados que obtenga poniendo a prueba sus capacidades. El logro de caminar debe ser del niño, no del adulto. 

Los adultos debemos acompañar al niño en este proceso con paciencia, conociendo lo que cada etapa requiere y poniéndonos en un lugar que nos ayude asistir a los grandes avances de nuestros hijos y/o alumnos. 

 2. Enseñando rutinas, siendo constantes

Los neurocientíficos explican el aprendizaje como un proceso que tiene lugar cuando activamos a la vez, y repetidas veces, redes neuronales relacionadas con conceptos similares. 

Cuando activamos de manera constante ciertas conexiones neuronales, se libera una sustancia química para fijar las conexiones. Para liberar esta sustancia, llamada “factor de crecimiento neuronal”, tenemos que repetir una serie de asociaciones. Por ejemplo, cada tarde, antes de dormir, los padres de Miguel le leen un cuento. La repetición continua hace que Miguel prevea que es hora de dormir cuando después de cenar se baña, le ponen el pijama y le llevan a su cama donde mamá o papá le hablan muy bajito. Esta rutina repetida cada noche es perfecta para que el cerebro entienda cuando debe descansar.

Si queremos que nuestro hijo o alumno adquiera una serie de hábitos, será necesario que repitamos de manera continua las rutinas que queramos que sean aprendidas, pero también tendremos que ser flexibles para manejar las excepciones. 

3. Cuidando la salud del cerebro del niño: actividad física y nutrición

Las personas podemos favorecer la prevención de enfermedades si cuidamos nuestro cuerpo a través de una buena alimentación y ejercicio físico. La salud de nuestro cerebro depende directamente de estos cuidados, siendo los primeros años de vida clave para aprender hábitos saludables que prevengan al niño, y al futuro adulto, de enfermedades y trastornos cerebrales.

Álvaro Bilbao en su libro Cuida tu cerebro, nos dice que el cerebro necesita cada minuto un litro de sangre por lo que para “alimentarlo” correctamente será necesario que tengamos actividad física moderada cada día y una alimentación saludable para mantener limpias las arterias y así procurar un buen flujo de sangre al cerebro. 

El 25% de los alimentos que consumimos los necesita el cerebro para estar en su pleno rendimiento. Todos aquellos alimentos que tengan un efecto negativo en el sistema cardiovascular, dañarán el cerebro. Estos alimentos son los que se encuentran en las grasas saturadas, grasas trans, productos enlatados y de conserva, azúcares y cereales refinados, entre otros.

La alimentación infantil es uno de los mayores retos a los que nos enfrentamos los padres y la sociedad en general. Hay una tendencia a alimentar a los niños con aquello que nos garantice que van a comer y así ahorrarnos el sufrimiento de pensar que por nuestra culpa podemos dejarlos con hambre, provocar una bajada de percentil o hacer que estén débiles. En los restaurantes, nos refuerzan con esta idea al encontrar en los menú infantil todo aquello que seguro comerán y nos ahorrará una escena. 

Sin embargo, nuestra tarea es proveer salud a nuestros hijos siguiendo una serie de principios. También es fundamental dar un buen ejemplo. No podemos ponernos a dieta y buscar cultivar nuestro cuerpo con los mejores alimentos y dar de desayunar y/o merendar a los niños bollería industrial, por ejemplo. La coherencia debe ser nuestra guía educativa. 

4. Estando en contacto con la naturaleza

El bebé cuando nace tiene casi todos sus sentidos completamente desarrollados. Aprende a través de sus sentidos que conectan con capacidades superiores. El tacto y el gusto serán los sentidos principales, durante los dos primeros años de vida, con los que el niño explorará todo lo que le rodea. Los padres y educadores debemos tener en cuenta de que en cada etapa el niño requerirá acceder al conocimiento a través de diferentes vías. Comer con las manos, tocar la arena, jugar con diferentes materiales, construir con duplos de Lego, etc. son prácticas que favorecerán el aprendizaje.

Por otro lado, un entorno natural es el mejor medio para estimular el cerebro. En la naturaleza no hay contaminación que despiste el olfato; ni estímulos continuos de luces, edificios, coches, etc. que distraigan la vista; ni ruidos continuos que impidan escuchar con claridad. En la naturaleza el niño contacta con lo más auténtico de sí mismo y su cerebro proceso la información de una manera pura.

Siempre que puedas elige lo natural frente a lo artificial, ayudarás de manera increíble al desarrollo del cerebro del niño.

¿Qué opinas?

Noelia Estévez, 

Psicóloga y terapeuta familiar

 

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Mira el resumen en esta infografía:

 

 

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2 respuestas a “Claves para el desarrollo del cerebro del niño (I)”

  1. Alberto dice:

    Gracias! es justo lo que necesitaba en estos momentos 🙂

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