Claves de la comunicación consciente en nuestros días

“El lenguaje es el vestido de los pensamientos” (Samuel Johnson)

 

El simple hecho de vestirnos cada día es una decisión que podemos hacer de forma consciente o no, que nos permite expresarnos, decir cómo nos sentimos, o simplemente elegir aquello que queremos que nos arrope, acoja o proteja para nuestro día. De igual modo, nuestro lenguaje simboliza el estilismo con el que nuestros pensamientos son mostrados al mundo.

El diccionario de la RAE define la comunicación como la “transmisión de señales mediante un código común al emisor y al receptor”. E identifica como consciente la “facultad de reconocer la realidad” o aquel “que tiene conocimiento de algo o se da cuenta de ello, especialmente de los propios actos y sus consecuencias”.

Por su parte, desde la PNL se define la comunicación consciente como la intención de transmitir un mensaje por cualquiera de los canales, ya sea verbal, escrito o gestual.  

En base a todo ello podemos considerar que la comunicación consciente nos permite conectar, de forma verbal y no verbal, con quienes nos rodean, y que para ello es necesario emitir/recibir un mensaje estando presente y atento, en todo momento, conmigo mismo y con el otro.

La comunicación es un proceso que aprendemos desde niños y que, por tanto, está supeditado a nuestros valores, creencias, objetivos y experiencias. Cada uno tenemos las propias, cada uno  hemos percibido lo sucedido en nuestras vidas de maneras distintas porque es la interpretación que nosotros hacemos de eso que llamamos “realidad”. En relación a esto, Robert Dilts hablaba de los niveles lógicos utilizando para ella la metáfora del iceberg: en lo superfluo estaría el entorno y los comportamientos, mientras que en los niveles más profundos del ser encontraríamos las capacidades, las creencias, los valores, la identidad y lo transpersonal.  

Lo curioso es que nosotros, nuestra sociedad y nuestros líderes nos empeñamos en determinar y defender “mi” o “nuestra” realidad, y llegamos incluso a afirmaciones categóricas o a comportamientos extremos para sentirnos en posesión de esa realidad = razón.  Sin embargo, la realidad como tal no existe…

Existen los hechos objetivos que nos conectan con datos empíricos… Existen las emociones que expresa nuestro cuerpo fruto de un proceso químico y que nos aportan información sobre lo que nos está pasando en cada situación… Existen los pensamientos que aparecen en nuestra mente en base a lo vivido en momentos del pasado y el resultado obtenido… Existen los sentimientos que cada uno de nosotros experimentamos como algo procesado y vinculado a esos pensamientos… Y existen los comportamientos propios como resultado de todo lo anterior y que es lo que se materializa o vemos en nosotros mismos y las personas que nos rodean.

De esa rueda continua que gira en nosotros, y de su gestión emocional, depende que nuestra comunicación se materialice de una forma u otra, y su resultado lo vemos en lo que identificamos como éxito o fracaso de nuestra comunicación y de nuestras relaciones.

A nivel general pensamos que la comunicación está vinculada a lo que decimos o a lo que queremos decir. Y, en menor medida, consideramos que la comunicación es también escucha o, de forma más concisa, escucha activa… Por ello, es fundamental comprender y trabajar sobre la escucha activa, entendiendo como tal la capacidad para prestar atención al otro (y a mi mismo) con plena conciencia o, lo que es lo mismo, centrados en el mensaje que está trasladando nuestro interlocutor (y nosotros mismos).

A la hora de comunicar, es decir, de transmitir nuestros mensajes y de escuchar a nuestro interlocutor, es fundamental tener en cuenta estos cuatro pilares sobre los que Joaquina Fernández construía la comunicación consciente:

  • Qué: es establecer los objetivos y lo que quiero… ¿qué quiero comunicar?, ¿qué me está diciendo el otro? Estaría conectado con la visión que tenemos y nos llevaría a tener una comunicación concreta que el cuerpo muestra a través de su posicionamiento corporal firme y sólido.
  • Cómo: la emoción… ¿cómo lo quiero comunicar a las personas?, ¿cómo me está trasladando el otro sus palabras y cómo me estoy sintiendo yo con todo eso? Aquí tenemos la diferencia entre comunicación manipulativa y comunicación persuasiva, y que el cuerpo expresa a través de un movimiento de manos que acoge, un tono de voz delicado y una mirada de aceptación que conecte con la necesidad del otro.
  • Por qué: las ideas… ¿por qué quiero comunicar o no comunicar algo?, ¿cuáles son los mensajes que trata de trasladarme la otra persona? Esto nos llevaría a una comunicación argumentativa, conectada con el saber y la motivación, que el cuerpo muestra a través de su silencio y quietud, y una mirada atenta.
  • Para qué: es el sentido, la utilidad, la transcendencia… ¿para qué quiero comunicar esto y qué utilidad tiene para mí y para los otros? Esta sería una comunicación analítica y asertiva y nos llevaría al liderazgo, y que el cuerpo muestra a través de movimientos útiles que acompañen y amplíen el discurso.

Joaquina Fernández siempre planteaba que la clave fundamental de la comunicación es establecer los objetivos y la utilidad. Y afirmaba que siempre que nos preguntemos el para qué queremos algo, el sentimiento se queda más relajado.

Lo más interesante es que todos estos elementos también quedan reflejados fielmente en cada ser humano a través de su Comunicación no verbal porque es a través de esta parte de nosotros donde se manifiesta lo que no podemos expresar verbalmente

Desde aquí os animamos a que, en vuestra próxima comunicación con las personas de vuestro entorno, podáis identificar qué estáis sintiendo, qué estáis pensando, qué comportamiento estáis teniendo y qué resultado está provocando eso, tanto en vuestra expresión como en vuestra escucha. Y, una vez finalizada dicha comunicación, que analicéis qué habéis aprendido y cuáles serían vuestras áreas de mejora, tanto en la comunicación verbal como en la no verbal… Desde aquí os invitamos a hacer una introspección para encontrar nuevas respuestas para vosotros y adquirir así mayor confianza para elegir el mejor “vestido” para vuestro día y vuestro momento.

 

Mª Ángeles Merchán

Equipo CNV

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