¿Cómo aprender a separarnos de nuestros hijos?

Hay dos regalos que debemos dejar a nuestros hijos: uno son raíces y el otro son alas. La autonomía se consigue sintiendo confianza para explorar a solas el mundo

La primera separación: el nacimiento

A lo largo de nuestra vida vamos a experimentar distintas separaciones que nos van a ayudar a desarrollar nuestra identidad y autonomía

El proceso de diferenciación del ser humano implica la desvinculación progresiva de la madre, que va de un fuerte apego los dos primeros años de vida a una separación cada vez mayor para ganar autonomía.

El embarazo es la máxima fusión del futuro bebé con su madre, de tal manera que todo lo que haga la madre afectará directamente a la vida que se está desarrollando en su interior. El nacimiento del bebé, con el corte del cordón umbilical, es la primera separación – y más impactante- que va a experimentar el ser humano. 

El parto natural ayuda a que el bebé tenga que vencer este primer reto y salga al mundo luchando por vivir.   La acogida de la madre estimulará el aumento de hormonas que están vinculadas a la lactancia, la calma y el bienestar del bebé. Este proceso neurobiológico facilitará el apego, y por tanto la supervivencia del bebé.

Durante los primeros 5 o 6 meses, la atención de la madre estará únicamente centrada en las necesidades del bebé. Si no fuera así, el niño podría correr el riesgo de no ser atendido adecuadamente y no se establecería un apego seguro.


Las primeras separaciones físicas: el gateo y los primeros pasos

Durante el primer año de vida,  el bebé va descubriendo, a través de sí mismo, los límites físicos de su cuerpo y qué relación hay entre lo que hace y las sensaciones físicas que tiene.

La exploración física de su entorno, permite al niño entrenar sus capacidades físicas, emocionales y cognitivas a la vez que alejarse de su padre y madre. Por otra parte, a partir de los cinco meses el niño empieza a reconocerse como “algo” distinto a su madre y es capaz de estar más tiempo sin ella presente. A la vez, en la madre surge por primera vez la necesidad de separarse y los cambios hormonales permitirán que su atención no se limite solo al cuidado del bebé y quiera retomar su vida de antes (aunque sabe esa vida ya no volverá).

 

Las siguientes separaciones: las rabietas y la adolescencia

A partir de los dos años el niño manifestará su necesidad de autonomía, de ser considerado como alguien distinto a la madre y al padre, a través de las rabietas. 

Si durante el primer año el cuerpo era la manera en la que el niño podía emprender su camino de autonomía, a los dos años empleará las emociones para comunicar a sus padres sus límites: aquí estoy yo y tú eres diferente a mí (por mucho que mandes, nos dirían). 

Esta etapa puede ser difícil para los padres que están acostumbrados a que su bebé sea más dócil. Por otra parte, entra en juego la búsqueda de equilibrio entre el afecto y la protección, con el establecimiento y cumplimiento de normas.

En los próximos años, las separaciones serán cada vez mayores y los padres deberán ir haciendo el duelo correspondiente en cada etapa,  mientras sufren la irreparable pérdida del niño o niña que se va convirtiendo en una persona adulta.

La adolescencia será la etapa más difícil de todas en este sentido. Nuestro hijo busca su espacio lejos de casa y para ello nos enfrentará a sus noes. No querrá colaborar en las tareas de casa, no querrá volver pronto a casa, no querrá encerrarse a estudiar, no querrá contarnos por qué tiene esa cara triste y se quiere encerrar en su habitación…Puede que además sintamos que va contra nosotros porque se viste raro, sale con compañías que no nos gusta, se pasa todo el día mirando el teléfono, huele a tabaco o alcohol cuando regresa a casa y somos incapaces de establecer un horario que cumpla.

 

¿Cómo podemos ayudar a nuestro hijo/a?

  • Dejando que exploren el entorno físico sin que detecten nuestros miedos. Permanecer en un segundo plano y mostrar (sentir) confianza en ellos y en lo que les rodea.
  • Permitiendo que resuelvan las dificultades por sí mismos y aprendan a tolerar la frustración.
  • Aceptando la tristeza, el enfado, los conflictos, etc. en la familia como una manera de entrenarles para su vida adulta cuando se encuentren tristes, enfadados, frustrados.
  • El enfado y la tristeza ayuda en la separación. No juzgarlo como algo malo, es necesario.
  • Entendiendo que la separación es un proceso natural que nos hace seres independientes, diferentes, autónomos y más capaces.
  • Revisando si nosotros toleramos la separación (con nuestra pareja, familia de origen, ciudad donde crecimos, etc.)
  • Entendiendo que la vida es un continuo duelo que debemos aprender a gestionar en cada etapa. Las primeras separaciones en la infancia nos preparan para las separaciones definitivas que tendremos que vivir a lo largo de nuestra vida: salir de casa, rupturas amorosas, pérdida de amigos, nuevos puestos de trabajo, fracasos, muerte de familiares, etc.
  • Haciendo nuestra propia vida. No hay nada que pueda ayudar más a nuestros hijos que ser un modelo de padres que saben responsabilizarse de sus propios objetivos.

 

Recursos que os recomendamos:

  • Película “la Familia Bèlier”. Es magnífica para aprender a través de la protagonista cómo separarse de la familia de origen. 
  • Cuento “Algún día” de Alison Meghee y Peter H. Reynolds.

 

Feliz día! 

Noelia Estévez

 

 

Te esperamos en el I Encuentro de Laboratorio Educativo

 

 

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2 respuestas a “Aprender a separarnos de nuestros hijos”

  1. Ana Bermejo dice:

    Hola Noelia,

    Mil gracias por tus palabras siempre tan reales y acertadas. Gracias por ese foco que nos vas regalando en los temas que ocupan cada uno de tus posts. Me encantan.
    Enhorabuena por esta nueva andadura, esta nueva visión de la escuela de humanidades que Joaquina creó y enhorabuena por esa visión de la vida, de la que soy partícipe al 100%.

    En mi caso, tengo dos hijos de 18 y 22 años y ya estoy experimentando que sus alas empiezan a estar listas para volar sin su padre y sin mi. Es cierto que la satisfacción va acompañada de cierta melancolía por ver como se acerca el cierre lógico de una etapa. Y estoy totalmente de acuerdo contigo que el desapego debe ir entrenándose día a día para cuando llegue el momento, verles volar alto y apoyarles (que no ayudarles) mas que nunca desde la distancia. Pero como todo, debe ser gradual y en mi opinión y por experiencia, lo más importante es ir evolucionando con ellos, de ese modo, el desapego será menos traumático.

    Feliz desapego !!

    • Noelia Estévez dice:

      Querida Ana, muchísimas gracias por tu maravilloso mensaje. Seguramente has leído otros posts de Paloma, que es la que nos mueve cada lunes con sus palabras. Yo estoy empezando a escribir en Laboratorio Educativo desde mis conocimientos y experiencia, y el legado de Joaquina. Mi enhorabuena por mirar esta etapa que estás viviendo con esa mirada que te ayudará a dejarles ir sin juzgar el camino que elijan y que te aproximará a una nueva relación con ellos. Yo voy aprendiendo que cada etapa es dulce, por mucho que pareciera que la anterior era la mejor. Muchísimas gracias por estar ahí y bienvenido el desapego! Un fuerte abrazo

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