Adolescencia… 

 

Tememos la adolescencia. ¿Quién no ha oído alguna vez?: “Verás cuando llegue a la edad del pavo”, o “déjale, está en plena adolescencia…” . Todas estas “verdades colectivas” se basan en generaciones y generaciones de experiencias vividas y, comúnmente, también sufridas. Pero cuando hablamos de la adolescencia, abarcamos un período amplio (12 años) en los que hay infinidad de experiencias y conviene librarse de prejuicios o profecías por cumplir…

La adolescencia no es fácil porque supone un cambio. Los que eran niños ya nos retan y no sirve el mismo funcionamiento ni relación que antes. Un parte cambia, es necesario que la otra (o sea, los adultos) también lo hagamos.

La adolescencia es un paso tan necesario, como positivo, para nuestro desarrollo familiar, educativo, individual.

Vamos a verlo esquemáticamente:

De 0 a 12 años el niño observa como única verdad las referencias que tiene delante. La Familia.

Las asume. Quedan tan grabadas y de forma tan profunda, que si no las prueba, se convierten en una repetición inconsciente al ser adulto sin darle opción a cambiar aquellas que no dan salud a su sistema.

Cuando cumple 12 años, y hasta los 24, testa lo que le sirve fuera de su casa. Prueba, se une con lo diferente e, incluso arriesga para comprobar sus propios límites seguros. ¡Un viaje al extranjero o la convivencia con otras familias en esta etapa son excelentes! De esta forma, está permitiendo a todo su sistema lo siguiente:

 

  • Reconocer, deliberadamente, los valores raíz que sí necesita para su vida.
  • Crea su identidad manejando –como puede- un sinfín de emociones y de referencias desconocidas hasta ahora.
  • Aprende a construir la tolerancia a la diversidad y a crear conexiones con otras personas. Aprende a amar y a conectar.
  • Comienza a asentar las bases de un criterio propio y de su liderazgo.

Lo interesante de la adolescencia es que el que fue niño, comienza a probar hasta dónde le sirven esas referencias y cuáles necesitan ajustes individuales para su pleno desarrollo. Debe descubrir lo que ES, pasando primero por lo que No-ES.

 

¿Qué hacer con un hijo adolescente?

 

En la adolescencia se crea la identidad. La verdadera autenticidad. El brillo máximo naciente en una persona cuando cumple los 12 años. Pero el camino no es fácil para ellos. Se une la inestabilidad emocional que viven hormonalmente, con el reto personal de salir de casa, descubrir lo desconocido y asumir que toca negar alguna de las verdades seguras para consolidar las propias. Quizá por ello, las pandillas son tan necesarias en esta exploración, pues sirven de apoyo para eso y también se comprenden los medios exagerados como el alcohol o las experiencias de riesgo a las que se exponen. Son palancas, para ellos, de estos descubrimientos.

Ahora bien, esto no significa que esta exploración deba no supervisarse o que, por natural que sea, deba abandonarse cualquier atención. Al contrario.

 

¿Qué les ofrecemos entonces?:

  • Flexibilidad para vivir estos momentos de tensión sin roturas. Tomar con comprensión –y algo de humor- el proceso.
  • Firmeza para que cuando vuelvan la vista atrás buscando seguridad y estabilidad, sigan encontrando los mismos valores familiares que le han hecho crecer. Los niños, y los adolescentes aun más, descansan en las normas y en el orden que les ofrece la familia, a pesar de que su prueba evidencia un rechazo.

 

Saltarnos esta fase por el temor a afrontarla o con una fisura importante en la relación con ellos, supone dejarles privados de este importante escalón de su desarrollo.

 

Cuando observamos con amor y acompañamos a los jóvenes dándoles seguridad y límites, nos convertimos en su aliado de este camino inestable y tan intenso que atraviesa.

 

Que en su mundo emocional intenso, encuentre tu amor incondicional. Que lo oiga de ti.

Que confíes tanto en ti, que solo desde esa seguridad pueda mirarse.

Que la lectura de hoy nos permita limpiar la mirada observándoles ricos por su diamante interior (ese que pulen).

 

Ojalá tomemos conciencia de que no estamos perdiendo a los niños que fueron ayer, sino que ganamos a los valientes que ruedan en la vida para hacer suyas las mejores cualidades que han aprendido con nosotros.

 

¡Feliz Miércoles!

Paloma Mesonero-Romanos

Psicóloga Educativa

 

 

 

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