Desconocemos lo que somos capaces de ser e ignoramos en lo que podríamos transformarnos, quizá por lo comprometido que podría ser saberlo”.

Joaquina Fernández

 

Todas las mañanas y todos los días de nuestras vidas, inconsciente o conscientemente, nos preguntamos: ¿Para qué estamos aquí? ¿Qué sentido tiene nuestra existencia?

Estamos buscando permanentemente hacer cosas muy interesantes, muy diferentes y que estén totalmente ajenas a nuestra propia realidad. Eso nos lleva a pensar que si no lo estamos haciendo es o porque no ha venido algo de fuera o porque no hemos encontrado los medios para hacerlo. Entonces, permanentemente, nuestro discurso es la búsqueda de algo que nos resuelva poder llegar a cumplir nuestro destino.

En ese punto y pensando que nuestra vida necesita que alguien venga a resolverlo, lo que hacemos es estar permanentemente frustrados. O bien porque no le encontramos sentido, o bien porque ya nos hemos equivocado en la forma de encontrarle sentido. No existe un problema. Nunca hay un problema, existe algo a resolver. El tema es que tú no miras la solución, sino que miras el problema y al problema no le das solución. El sentido de la vida del hombre es resolver el problema que genera cada día por su existencia. No tiene otro.

¿Te has preguntado alguna vez qué sentido tiene tu vida? Si yo ahora he enfermado, el sentido de mi vida ahora es curarme. No es estar sano.

El sentido de la vida es que el problema esté en el presente. Le des el cuerpo en el presente y lo resuelvas en el presente. Cuando lo haces futuro, acabas de pasar al tiempo el problema y no la solución.

¿Quién está dispuesto a aceptar que el problema es el sentido de su vida? Ahí está el tema. Como decía Joaquina, esto es lo primero por lo que hay que empezar por aceptar: el problema es el sentido de la vida. Sea una enfermedad, sea la pérdida de un padre, sea un problema con el trabajo. Sea lo que sea. Todo lo que nos pasa tiene sentido, si le encuentras el sentido, quédate allí el tiempo que tú quieras, pero no pienses que no estás donde quieres estar. Si cambias, debes cambiar el paradigma.

De aquí tiene que salir una solución, que es encontrar el sentido real al problema. Joaquina Fernández proponía, en primer lugar, tipificar el problema. Tiene que tener un nombre concreto sin divagación. Por ejemplo: “Mi problema es de soledad”, “mi problema es de enfermedad”, “mi problema es de miedo”. En definitiva, conseguir el nombre exacto.

La siguiente pregunta es, ¿cómo estarías sin este problema? Detalla los beneficios de tenerlo y detalla los beneficios de no tenerlo.   

Finalmente, ¿con cuál de las dos situaciones te encuentras mejor? Si sabéis que el sentido de vuestra vida es un problema y no queréis vivirlo, encontraréis el sentido de vuestra vida, que será resolverlo. ¿Pero vais a poder vivir sin problemas? Como no vais a poder vivir sin problemas, vais a tener que daros cuenta de que encontrando el sentido a vuestro problema todos los días, encontráis todos los días, la vida, estar plenos, ser conscientes, tener una conciencia de realidad. Y la conciencia de realidad es que lo que yo me fabrico es porque lo necesito.

 

Joaquina Fernández en el Cine Taller titulado El Hombre en Busca de Sentido (2011)

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