Noviembre 2017

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“Amar no es solamente querer. Es, sobre todo, comprender” 
FRANÇOISE SAGAN 

Durante todos los años de mi vida, he entendido que la relación de pareja empieza por enamorarse: un precioso flechazo con princesas de protagonistas y en las que la claridad de un futuro con esa persona es lo que marca la diferencia entre una relación que Sí, o una relación que No va a ninguna parte. Que todo lo que saliera de esa claridad y, sobre todo, entusiasmo inabarcable de ilusión, no era un amor real. No tendría posibilidades. No era para ti.

Con el tiempo, y con las propias experiencias personales uno se da cuenta o de que no está preparado para abarcar una relación de pareja, o que nunca estará a la altura de esos cuentos, que quedan lejos, que habrá que conformarse con una historia más de andar por casa… Sin embargo, esa idea que no es de cuento acoge mucha más magia. La alquimia profunda de las relaciones y el crecimiento del amor dentro de uno.

Quizá con un gráfico pueda explicarlo mejor:

Cuando empezamos con la pasión ciega y alimentamos el inicio de una relación con nuestras propias expectativas, anhelos o necesidades por cubrir, solo nos queda descubrir que la otra persona tiene también lagunas como nosotros y que, entonces, esa perfección que esperábamos que nos completara nos decepciona…

Seguiríamos sin entender que la pareja es una oportunidad de aprender y expresar quienes somos para hacer de nuestra vida el propio ejercicio de liderazgo que hemos venido a hacer y de trascender a través de la experiencia del amor. La propuesta -sí, menos idílica, pero con un futuro de amor pleno por desarrollar que inunde cada rincón del alma- es la siguiente:

El primer punto es OBSERVAR. Observo los valores de quien tengo delante y expreso los míos. ¿Quién soy? ¿Quién es la otra persona? Erradicamos la idea de la seducción y la conquista que distorsionan la imagen verdadera de la persona, mientras se mantiene la confianza en quien soy y la seguridad de que los valores son el pilar fundamental de una relación creada con ladrillos, no con paja. Es un escalón en el que observo, es muy presente. Todavía no proyecta futuros claros, presta atención. Es del ahora.

Una vez he observado, ACEPTO. Empiezo a compartir con la otra persona las sintonías auténticas que hemos descubierto… Empiezo a tolerar nuestras diferencias porque, junto a ellas están las luces de la persona que he conocido y me mantienen aun a su lado. En esta tolerancia entran las emociones, la conexión y el bienestar. La química del cuerpo que comienza a responder a la conexión que se va estableciendo.

El siguiente paso es la RESPONSABILIDAD, la razón de estar juntos. Ahora, esa primera observación y las emociones que han nacido comienzan a crear una estrategia. Quizá, aparecen los atisbos de cuáles son las razones que nos mantienen unidos y hacia dónde pueden encaminarse nuestros pasos. Son bocetos de reflexión, de ideas que diseñan un paso más allá de la relación. Aquí entra la variable de futuro (antes no, antes son sueños y necesidades proyectados, nada más).

El COMPROMISO llega entonces cuando este diseño se acepta y hay motivación para ir adelante con él. Cuando en el camino recorrido hasta ahora se encuentra el propósito de continuar juntos. De ser a la vez, de entender que la pareja es un proyecto personal que va más allá de uno mismo. De entrega, pero de una entrega que permanentemente recibe, es entrar en un flujo de energía que se mantiene circulando.

Cuando todos estos pasos se han cubierto, el compañerismo aparece, la complicidad construye con el otro para recibir el regalo divino de unir los polos. Se vive la PASIÓN de ser en parejaCuando la humildad de ser uno mismo ha creado la experiencia del amor junto al otro. Solo así la pasión es verdadera, profunda, eterna. Interna e infinita. Cuando somos fuente junto al otro.

Hay infinitos matices dentro de cómo se construye una pareja. Si entendemos que todo lo que está fuera es un reflejo de nuestra propia realidad interior, un instrumento de la vida para nuestro propio desarrollo, entonces vemos que la persona que tenemos delante facilita nuestros propios aprendizajes o, incluso, nos muestra en qué punto de nuestra propia evolución estamos.
Podemos verlo así:

Evolución: El avance es fluido. Tanto de la relación como de tu calidad humana dentro de ella. Avanzas en tu propio crecimiento y en el amor sin tensiones, sin heridas internas.

Crecimiento: Cuando decimos que una relación nos hace crecer, estamos hablando de que hay dolor en este avance. Hay temas pendientes por resolver que, al ir más allá, necesitan romper nuestras propias estructuras.

Parálisis: Hay parejas que nos retienen en la comodidad, en la idea predefinida de una relación o de una vida compartida pero que, por un motivo en concreto, no permiten evolucionar. Mantienen la luz de la persona estancada sin el camino natural de brillar cada día más.

Involución: Por último, hay algunas relaciones que limitan el potencial de las personas. Que provocan retroceder en la propia evolución personal.Sea cual sea tu paso, la persona que está a tu lado, o que se acerca para estarlo es siempre la mejor oportunidad de hoy para que recorras tu camino de autoconocimiento, de amor y de liberación. La pareja es la experiencia de ser maestro y alumno junto al otro, de sintonizar los polos, de crear. La pareja es tu propia vivencia del amor y de hasta dónde quieras llegar a través de él.Feliz Lunes lleno de amor y evolución. Os abrazo,

 Paloma Mesonero-Romanos

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