Noviembre 2017

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“Algunos están dispuestos a cualquier cosa, menos a vivir aquí y ahora” 
JOHN LENNON 

Llevo varios días escuchando a personas cercanas que necesitan tiempo para ellas mismas, para cuidarse. Contemplo la prisa y cómo el día a día nos come con sus quehaceres y cómo, en breve, vuelve a ser mañana: un día nuevo que en realidad se nos asemeja bastante al que ya tuvimos hoy…

Pienso que vivimos con agendas repletas como si eso nos diera cierta seguridad. Me reconozco a veces añadiendo una nueva tarea al día y creyendo que con eso mi día tiene mayor sentido, llego a más. La entrega es maravillosa, el crecimiento en lo que hacemos nos hace grandes. Sin embargo, cuando llenar la vida de tareas nos hace identificarnos con lo de fuera, en lugar de alinearnos más con lo de dentro… llegó el problema. Llegó la prisa.

¿Quiénes somos? ¿A qué venimos? ¿Qué buscamos? ¿Cuál es el sentido de la vida? Hay decenas de preguntas que nos dan vértigo, pero que a veces, conviene preguntarse para encontrar cuáles son las prioridades y el verdadero significado individual de todo esto. Mientras tanto, como si de una ceguera se tratara, nos escondemos tras cosas que hacer… que nos cansan. Que nos piden unas vacaciones próximas o cierta desconexión pero que al ego le dan identidad y nos ponen una etiqueta sobre quiénes parecemos y a qué nos dedicamos.

¿Pero es que todos nos identificamos con lo que hacemos? ¿Qué dificulta vivir una vida plena, con tareas significativas y la experiencia de fluidez? Me atrevo a decir que la falta de conciencia.
Comprender quiénes somos y qué queremos realmente para nosotros nos compromete con la decisión de conseguirlo y asumir el reto de las tareas que conlleva con gracia y energía, sin queja.
No hablo de una utopía en la que no haya que hacer nada más allá de lo que uno quiere, sino en ese momento en el que coincide lo que te da plenitud y el camino que recorres. Quizá, con eso, el resto de imprevistos nos dolerían menos. Quizá no tendríamos tanta prisa. Pienso que nuestro mal humor, la impaciencia y la búsqueda de control que nos acompaña a veces viene porque no estamos caminando donde nos corresponde y, por eso, cualquier incidencia la interpretamos como un ladrón de tiempo… Pero ¿Quién nos roba realmente el tiempo? ¿Lo de fuera, o nosotros mismos con nuestras decisiones?

El resultado que podemos contemplar son las prisas, los cafés de pie, los niños comiendo con i-pads o móviles, los atascos con bocinazos por la mañana, comidas que ya no se calientan en nuestras cazuelas… ni con amor, una alarma por la mañana que parece que se burla despertándonos cada día antes.
Buscamos tiempo para nosotros para conectar con lo que somos, para dejar que respire esa parte que simplemente ha venido a Ser. A manifestar la esencia viva que tenemos en la que visitar la naturaleza no es un lujo, ni dedicar un rato a la lectura pide levantarse una hora antes, o en la que tomar un rato para jugar con los niños no es una responsabilidad que hacer por ellos…

Entonces, ¿quién prioriza lo que tú haces? ¿cómo estar vivos en todo lo que hacemos?

Cuando mirando profundamente entendamos para qué hacemos las cosas, quizá, en ese momento, descubramos la propia verdad sobre nuestras agendas…

Feliz Lunes de tareas repletas de sentido.

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