“Recuerda que la mejor relación es aquella en la que el amor por cada uno excede la necesidad del otro”.
DALAI LAMA

Somos seres sociales. Ancestralmente por unos motivos, actualmente por otros. Irnos a millones de años atrás quizá es elegir una fecha demasiado lejana, pero puede servirnos para reconocer qué ha ido haciendo que como especie hayamos evolucionado. Podemos decir que hemos superado nuestra propia evolución, y seguimos en ello, por capacitar a nuestro cerebro en cumplir distintas misiones.

En un primer lugar, como animales – sin tener todavía el distintivo homo – conseguimos crear un organismo que sobrevivía y que funcionaba sin dependencias; y a partir de ahí, conseguimos reunirnos para cazar, vivir en comunidad y así garantizar la supervivencia optimizando recursos, lo cual nos dio la oportunidad de desarrollar otras nuevas capacidades más racionales e intelectuales.

Entonces, de un vistazo rápido, podemos ver que la evolución ha sido la siguiente:

1º Supervivencia. Si había comunidades era por pura necesidad.

2º Relaciones como raíz de la creación de grupos y disfrute social

A partir de ahora, y comprendiendo este esquema, podemos situarnos. Las relaciones surgieron, posiblemente por una necesidad programada de afiliación y nos sirvieron para optimizar recursos, hacer equipo y ser más fuertes. Ahora cabe preguntarse: ¿tus relaciones te hacen más fuerte? ¿Optimizas tus capacidades y recursos cuando te compartes con otras personas? ¿Te relacionas con personas para disfrutar y no sentirte solo? Todas tus respuestas pueden convertirse en una fotografía de la forma en la que vives tus relaciones actualmente.

Suponiendo que nuestra labor ahora es acceder a una tercera forma de relacionarnos que consista más en una relación estratégica para sumar conocimientos, motivaciones y movilizarnos de forma conjunta – dado que la primera barrera de supervivencia y la segunda de disfrute ya están cubiertas – ¿en qué medida seguimos manteniéndonos en los dos niveles anteriores y no evolucionamos hacia nuevas capacidades conjuntas? Es decir, ¿sigues relacionándote de forma limitada para conseguir algo que tú quieres o para gustar?

Relacionarnos con las personas es una oportunidad de abrir puertas a sumar junto a ellas, a escuchar nuevos conocimientos, a acoger nuevos puntos de vista, a hacernos más grandes. A menudo se habla de lo enriquecedor que es viajar porque aprendes de otras culturas y te empapas de otras formas de funcionar, ¿qué creencias tenemos que nos facilitan aprender de quien menos se identifica con nosotros y, sin embargo, nos hacen chocar frente a los que tenemos más cerca? ¿Qué nos hace creer que aprendemos más de lo lejano que de lo cercano? ¿Dónde abrimos nuestra brecha frente a los demás? ¿Por qué nos desconectamos?

Relacionarnos con alguien de forma saludable, puede parecerse a acompañarse de la otra persona desde la coherencia interna, tolerando la diversidad externa y sumando pensamientos hacia una propuesta común. Esta idea, encajaría para cualquier tipo de relación, ahora bien, ¿cómo funcionamos realmente?

Lo más común es que nuestro programa mental todavía esté instalado en la relación para conseguir o la relación para ser valorado.

Es decir, Autoritarismo vs. Complacencia.

Pivotamos desde nosotros mismos de forma rígida, hasta el prójimo con todo tipo de contemplaciones. Llega entonces el momento de mirar dentro para identificar quién soy y soltar creencias arraigadas que alejan o me exigen ser de cara a los demás. Una relación enriquecedora y positiva parte de un balance personal en el que la persona es consciente de qué capacidades y qué necesidades tiene para, desde ahí, relacionarse siempre en la construcción con el prójimo.
  • ¿Quién soy? ¿Qué necesito? ¿Qué puedo? ¿Qué busco?
  • ¿Cuáles son mis relaciones principales? ¿Necesito esas relaciones? ¿Soy intolerante con esas relaciones?
  • ¿Sumo ideas? ¿Escucho? ¿Comparto?
Cuando avanzamos y superamos estas preguntas, desaparecen la frustración por no conseguir del otro lo que esperabas y el agotamiento por complacer permanentemente y cumplir sus expectativas. Solo desde la libertad de ser uno mismo unido a la curiosidad por descubrir quién es el otro desde su libertad, las relaciones pueden ser enriquecedoras y, sobre todo, pueden tener proyección. Superamos la era de la supervivencia, las sociedades verticales, el capitalismo… comenzamos ahora una etapa de colaboración en la que el crecimiento espiral en conjunto, mano con mano, es vital para continuar en este planeta.

Queremos que sumes, que tú respuesta siempre sea un sí hacia ti y un sí hacia lo común, que tomemos la evolución como un camino compartido.

Una semana más sumamos contigo. Teclados preparados para Nuestro Archivo Secreto #31: Un mundo pacífico se construye en casa.

¿Nos vemos esta tarde en Trascendencia?

¿Tienes  ya tu plaza para nuestro taller Aprender a Decir No Diciendo Sí?