Para el hombre, como para el pájaro, el mundo ofrece muchos sitios donde posarse, pero nidos solamente uno: su hogar.
OLIVER W. HOLMES

Nuestra diferencia en la evolución no está en la calidad de los techos de las cuevas, el de las casas medievales o el de los rascacielos más modernos. Nuestra idea arquitectónica ha crecido precisamente porque nuestra vida interior ha ido transformando los espacios que elegimos tener a nuestro alrededor.

La idea de la casa ha ido cambiando a lo largo de los años. De hecho, la casa como lugar familiar y doméstico es una idea bastante reciente. Fue hace solo tres siglos cuando comenzaron a utilizarse habitaciones independientes y espacios divididos para la intimidad. ¿Quiere decir esto que antes no había capacidad arquitectónica para diseñarlo? ¿Sería que los recursos personales eran limitados y era mejor vivir en comunidad? En absoluto. Había capacidad y, en la mayoría de los casos, había recursos. Lo que no había era mentalidad de individualidad interior.

Desde la vida en las tribus nuestra función más básica ha sido sobrevivir. Ideas como confort, doméstico o familia son valores de algo reciente, cercano a la era industrial y a la vida urbanita que ahora llevamos. Las casas han ido transformándose desde TENER lo que necesitamos, hacia VIVIR CÓMODAMENTE para disfrutar de la familia, y ahora, con la domótica, la tecnología y la inteligencia artificial vamos programando nuestras casas hacia ESTRATEGIAS MÁS EFICIENTES para que desplacemos nuestro tiempo, recursos y atención a enfocarnos en desarrollar nuestro pensamiento superior hacia otras tareas “menos básicas”.

Este es el punto de partida, ahora bien ¿cómo consigo yo mi propio equilibrio entre las cuatro paredes que me rodean cada día, cada noche o cada momento que decido recogerme en mi espacio?

Nuestra casa sigue sirviendo de referencia sobre nosotros mismos y nuestras necesidades. Es el espacio exterior en el que manifestamos físicamente nuestra necesidad de individualidad, privacidad y experiencia interior, que solo cuando queremos, compartimos y abrimos para que otras personas formen parte de él.

Hacer una casa funcional, revitalizante, eficiente e íntima son los nuevos retos caseros a los que nos enfrentamos en este siglo XXI.
  • Establece tu espacio. Vivas en familia, en grupo o solo, puede ayudarte establecer un lugar o, quizá, un tiempo para sentirlo tuyo. El sentido de esto es que ancestralmente guardamos la necesidad de territorio en el cerebelo.
  • Utiliza una decoración acorde con lo que te gusta, con lo que te hace sentir bien. La segunda capa del cerebro, la límbica, funciona emocionalmente y se alimenta de la estética que te rodea, los materiales confortables y tu sensación de comodidad, las relaciones que compartes en el hogar y el gozo de vivir donde vives.
  • Este tercer área tiene que ver con los avances de los que hablábamos antes. Para que tu cerebro neocortical y la evolución de tu pensamiento sea motivada y progresiva, tu casa debe convertirse en un lugar eficiente y liberarte de cargas que te provoquen malestar. ¿Son cómodas para ti las tareas y la organización de tu casa? ¿Te ayudan a avanzar en el día a día? ¿Hay algo pendiente de arreglar que te quita tiempo y energía? Planifica ponerte al día con esta parte. Hará tu casa más saludable y a ti más eficiente dentro de ella.
  • Cuando analizamos para qué utilizamos la casa, ésta cobra sentido para nosotros y la vivimos con mayor plenitud. El orden no es únicamente que todo está en su sitio, sino que todo está para lo que se necesita. Liberarte de cosas que hace tiempo que no utilizas, reordenar habitaciones para darles un uso real y valioso a lo que verdaderamente hace falta se traduce en vitalidad, frescura y bienestar instalados en tu casa, y verdaderamente, harán que la sientas hogar.

Si el hogar no puede ser el lugar de donde uno es, entonces es lo que uno hace del lugar adonde va. 
ELEANOR CATTON

La casa, como ves, es un compendio de espacios, objetos, diseños y valores que reflejan y apoyan tu vida interior. Toma unos minutos para analizar qué refleja, tanto en lo positivo como en lo negativo, tu casa para ti. Además de qué mensajes te da el estado de tu casa sobre ti mismo.

La casa se convierte en hogar en el momento en que la familia (que podemos ser nosotros mismos en paz con nuestra soledad), la intimidad, y el respeto a las necesidades de nuestro ser interior, conforman una sensación de que la casa incorpora estos sentimientos y no solo nos da refugio.

Siempre que tú quieras, nuestra casa (como cariñosamente llama Joaquina a las paredes que enmarcan el Instituto Hune) es tu hogar y estaremos encantados de recibir tu visita, verte por aquí y saludarte con cariño. También desde Hune, y contigo en mente, vamos tecleando; De Nuestro Archivo Secreto #28: Descubre tu profesión

¡Hasta la próxima vez que nos veamos! ¡Feliz semana!