“Un juego bien diseñado es un misil guiado que se dirige al
corazón motivacional de la mente humana”.

KEVIN WERBACH
Jugar tiene dos puntos de partida. El más cercano para nosotros, la infancia. El más antiguo, la existencia del ser humano en la Tierra. Hemos creado juegos históricamente, hemos crecido con ellos, y a día de hoy podemos comprobar cómo siguen siendo un sector mundial que suma masas.

De forma natural, llevamos instalado en el cerebro el programa que hace que las conexiones cerebrales se refuercen con hormonas de satisfacción. Será, quizá, que la vida está planteada para retarse, aprender, convertirse en estratega y mantener la motivación hacia lo que necesitamos. Motivarse en el proceso es, entonces, la fórmula para funcionar de forma prolongada en cualquier ámbito. No el sufrimiento como pueda entenderse otras veces.

Desde aquí hemos hablado de objetivos, de herramientas y de crecimiento, pero ahora llega el juego y la satisfacción como ingredientes diferenciadores en toda esta transformación personal o profesional. Como quieras utilizarla.

El juego debe ser entendido como un proceso bien diseñado de aprendizaje. Cuando éramos niños jugábamos para entender la realidad y para entrenar nuestras capacidades. ¿Cuándo hemos dejado de entenderla o a no necesitar nuevas capacidades? Si nos propusiéramos jugar a ser una versión optimizada de nosotros, en lugar de exigírnosla, quizá los resultados y nuestra satisfacción con amor propio serían otros.

“La mayoría de la gente considera la vida como una batalla, pero la vida no es una batalla sino un juego”.
Florence Scovel
¿Qué es jugar? ¿Cómo puedes volverte un experto del juego?
¿Por qué lo necesitas? ¿A dónde te lleva?
Jugar no es placer simple. Es retarse a uno mismo y superarse cerebralmente sin mayor temor que el de superar una exigencia pautada para conseguir una recompensa y disfrutar la magia del proceso. Consiste en utilizar el ingenio para hacer de cada prueba vital algo divertido y darle un significado que te acerque a como te sentías cuando eras niño y todo se convertía en sorprendente y aventura.

A menudo nos ocurre que no interpretamos a nuestro favor lo que nos rodea. Es una cuestión de punto de vista. Los juegos, también vinieron con sus reglas, y nadie se enfadó por ello. Solo hace falta recuperar algo de espíritu inocente.

Ahora, céntrate en lo que has decidido hacer (en tu trabajo, con tus responsabilidades familiares, en tus relaciones personales, contigo mismo…) y observa dónde puedes improvisar, qué nuevo aire puedes darle a la tarea de poner lavadoras, estudiar con tus hijos o redactar un informe. ¿Qué puede cambiar desde ti que lo haría más divertido? ¿Qué consigues si lo superas? ¿Es físico, emocional o intelectual el reto? Recuerda un juego de la infancia que te gustara especialmente y trata de poner esas reglas en la situación que debes afrontar. Transforma todo tu alrededor en algo más amable. Obsérvalo con ojos curiosos. ¿Qué te gusta más, competir o jugar en equipo?

Disfrutar de lo que haces mejora tu atención. El área límbica de tu cerebro, la que fija el aprendizaje a través del hipocampo, se activa poderosamente y te hace mucho más productivo cuando lo que haces te produce bienestar e incluso diversión. Y ten claro que hablamos de reto, no de vaguería o de evitar cualquier confrontación. Lo mejor del juego también es revisar el cansancio o la dificultad superada y declararse ganadores. No es sólo placer, sino que exista un propósito de éxito tras este disfrute.

A menudo estamos inmersos en la inercia de hacer y pensar sobre el mismo tema para encontrar soluciones, y es común que en los descansos y momentos en los que la parte consciente deja de tener protagonismo (esto es en el juego, por ejemplo) de repente nos reconocemos preparados y descubrimos, precisamente, lo que estábamos buscando. Recuerda que cuando Arquímedes gritó ¡eureka! Estaba dándose un baño relajante después de un largo día de investigación.

Hay varias claves que son importantes para adquirir el compromiso con nosotros mismos y con nuestra vida: una fundamental es la motivación. Es ese bienestar que se produce en cualquier tarea cuando entendemos a dónde nos lleva lo que hacemos, y disfrutamos del camino previo a la meta.

Así que son dos ingredientes: el foco que resaltamos en la mayoría de nuestros archivos secretos, y el disfrute que incluimos hoy como fuente de constancia en lo que hacemos.

¿Estás contemplando únicamente el punto de vista serio de la situación?
Aquí tienes algunas claves:

  • Fija el objetivo, la meta el resultado final del ganador.
  • Diseña el camino y las submetas para superarlo con diferentes premios. ¿Recuerdas las setas de Mario Bross? ¿O los puntos que te daban en cada checkpoint de las carreras? Propón tú las tuyas.
  • Si no encuentras la forma de hacer divertidas tus tareas diarias, quizá te ayude buscar cada día un momento para jugar a algo. De esta forma, activas esas áreas cerebrales de las que hemos hablado antes y encuentras mejores soluciones a tus retos del día a día. (Piensa en Arquímedes en la bañera)
  • Aprovecha y crece en equipo, compitiendo con los mejores.
  • Procura, de vez en cuando, dejar el inconsciente libre para que tenga el espacio de guiarte en lo que necesitas. Baila, juega, colorea, haz manualidades, riete… Como diría Jon, nuestro director de innovación: “piensa con las manos”.

Ha sido muy divertido escribirte esta semana. Esperamos que tengas un feliz Lunes y que disfrutes de cada día. ¡Hasta el próximo De Nuestro Archivo Secreto #22: La fórmula de los grandes pensadores!
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