“La generosidad disfruta de las felicidades ajenas,
como si fuera responsable de ellas”.

Conde de Lautréamont
Parece lo más oportuno enfocar esta Newsletter semanal sobre el placer de regalar y compartir durante estas fechas. Y es cierto, no cabe duda de que algo nos motivó a proponer este tema justamente hoy. Pero no queremos darle un toque navideño, precisamente porque dar y recibir es un ciclo natural que vivimos todos los días.

Lo hacemos permanentemente en nuestro trabajo; al compartir palabras con las personas que nos encontramos; o cuando nuestro propio cuerpo nos da resultados y nos acompaña a cambio de nuestros cuidados. Dar y recibir forma parte de un MACRO ciclo natural que podrás ver en todo lo que te rodea.

Sin embargo, ¿qué provoca que, a veces, nuestros sentimientos sean celosos, avariciosos o complacientes? ¿Qué nos sitúa en uno de los extremos? ¿Cómo encontrar el equilibrio de dar y recibir para ser felices?

Para empezar, nos ayudará plantear primero qué entendemos por generosidad y cómo la vivimos. Puede que tú decidas practicar la caridad y, en cambio, te resulte difícil ser generoso con la persona que vive a tu lado, o, a veces, proponemos iniciativas colaborativas, pero seguimos apegados a cosas de nuestro armario que no utilizamos. La idea no es hacer un examen de conciencia ni entonar el mea culpa. Sólo proponemos reconocer en qué creencia nos mantenemos y cómo hacernos responsables de continuar en nosotros este ciclo. ¿Te parece que empecemos?

DAR no es sólo un acto. Dar tiene una profundidad mayor y requiere varias condiciones:

La primera es que debes dar TODO aquello que salga de ti mismo. Entregarte desde quien ya eres. Forzar para complacer no genera la energía apropiada del ciclo, además de que nunca satisface a las dos partes.

“La mayor generosidad que puedes ofrecer es representar siempre tu valor. Todo lo que te rodea, lo máximo que necesita es que seas quien realmente eres”.
Ofrece cada día tu don. Hay algo que sabes hacer o transmitir de forma particular.
Si mantienes la atención en ofrecerlo de forma fluida, sencilla y continua, tu ejercicio de dar tiene mayor significado que cualquier regalo puntual que quieras hacer estos días. E, inevitablemente, tu entorno recompensará naturalmente lo que ofreces.

Para estas fechas de regalos y compañía, un ejercicio y conexión interior pueden ser tu foco para dar a los demás lo que puede servirles.

Ahora bien, es importante tener en cuenta que el ejercicio de recibir es una consecuencia. Lo que significa que no funciona el control sobre ella. Es como si al tirar una piedra a un lago, alguien se lanzara apresuradamente a dibujar las ondas. No tiene mucho sentido.
¿Qué esperas recibir? ¿Cómo te sientes cuando das?

Con esto, llegamos a la segunda condición: revisar la creencia desde la que doy. ¿Qué entiendes por generosidad? ¿Cuál es tu resultado habitual al dar? ¿Das creyendo que la otra persona te querrá más? ¿Cuánto te respetas a la hora de dar?

Hay varias creencias que pueden estar entorpeciendo tu “dar y recibir” saludable. Recuerda que reconocer cómo te sientes al dar es tan importante como saber qué vas a dar. Y siempre buscamos un resultado satisfactorios para ambas partes.

Tercera condición, y conectada directamente con la anterior: Al dar, del mismo modo en que respeto lo que yo soy, manifiesto mi respeto a quien el otro es y a lo que necesita. ¿Cuántas veces separamos estas dos condiciones? Es decir, ¿cuántas veces das sólo lo que el otro quiere sin preguntarte si es coherente o no con tus valores? O ¿qué cantidad de regalos o aportaciones has hecho sin analizar primero si lo que ofreces es importante o significativo para la otra persona?

Regala quien tú eres para quien el otro es.

“De todas las variedades de virtud, la generosidad es la más estimada”.
Aristóteles
La generosidad es ponerse al servicio, y en lo más cotidiano estás entrenando tu capacidad de dar. Si superamos los términos de caridad o solidaridad para trascender a otros que más tienen que ver con la colaboración, utilizaremos nuestra acción para sentirnos libres y promover la libertad y la autosuficiencia a nuestro alrededor. Reflexiónalo un momento, hay diferencia.

Y es que dar y recibir son dos caras de la humildad. Damos con humildad porque estamos aprendiendo cada día a conocer lo mejor de nosotros, y recibimos con humildad porque las demás personas también están haciendo su particular ejercicio de generosidad. Es importante entonces tomar conciencia y aprender a recibir para, en ningún caso, entorpecer cualquiera de los polos del circuito.

Quizá, hoy recibes esto porque estás practicando la generosidad en tu vida. Nosotros damos cada Newsletter porque aprendemos a ofrecerte lo que puede servirte.

Deseamos que tu ciclo sea abundante y equilibrado, y sobre todo, que quien eres, te reporte inevitablemente, la felicidad que sueñas recibir. Quizá este vídeo te ayude a comprender lo importante de compartir lo que ya eres:


Este experimento social hizo cambiar a 27 jóvenes sus regalos de Navidad. ¿Tú lo cambiarías?

¡Felices días de generosidad! ¡Que recibas todo lo que otras personas quieren darte! Preparándose entre mantas: NL #18. El descanso. La clave para cumplir tus objetivos.
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