Al comunicarnos con otras personas el rostro suele ser uno de los mayores focos de atención. Sin embargo, cuando estamos ante lo que el antropólogo Edward Twitchell Hall denominaba distancia social, las manos y los brazos cobran relevancia.

De esta forma, antes de que la televisión se convirtiera en el medio de comunicación de masas, con sus primeros planos de rostro en los discursos, cada comunicación en público estaba pensada para una gran audiencia e iba acompañada de numerosos gestos de brazos y manos “teatralizados”, que se han visto reducidos, cuando los primeros planos de televisión han devuelto el protagonismo al rostro, hasta en las distancias sociales. Ejemplo que todos hemos visto en el pasado son los discursos de Fidel Castro o Hitler en el teatro.

 

Hasta aquí la utilización de estos gestos con los brazos y manos parece que se limita a expresar y ayudar en la expresión emocional de lo que se transmite verbalmente.

En Comunicación No Verbal, en la literatura científica, se han estudiado dos funciones muy distintas. Por un lado, estaría la función que estos movimientos tienen para enfatizar la expresión emocional y que el interlocutor comprenda o visualice mejor lo que se está diciendo; y por otro, estos gestos, que se denominan gestos conversacionales, cumplen una función vital para el emisor independientemente del receptor.

El gesto no es solo útil para el que escucha y lo ve, sino para el que lo realiza mientras habla.

Es curioso observar cómo los gestos de brazos y manos no desaparecen porque estemos hablando por teléfono, o cuando hablamos en voz alta con nosotros mismos, o a una persona ciega, incluso entre dos personas ciegas de nacimiento, Es decir, en estas ocasiones descubrimos que la utilidad de los gestos no es solo interpersonal sino intrapersonal.

Si las personas fuesen conscientes de los beneficios y la importancia que tiene el Lenguaje No Verbal en sus procesos cognitivos y comunicativos, procurarían verse libres de impedimentos para hacerlos. Un ejemplo que lo ilustra es Pablo Iglesias en el Debate Decisivo sujetando sus manos con un bolígrafo.  Quizá si hubiese conocido los beneficios de los gestos naturales acompañando a su discurso, para facilitar su recuerdo (memoria), su capacidad operativa y la fluidez de su lenguaje, hubiera podido prescindir de “ la sujeción del bolígrafo” y mejorar su conexión con la audiencia.

Krauss en 1998 ya definía los gestos de manos conversacionales como movimientos de manos articulados, no planificados, que acompañan de forma espontánea al lenguaje, y cuya función principal no es comunicativa, sino que pretende ayudar en los procesos de formulación del lenguaje y otros procesos cognitivos .

Dese hace 50 años se ha estudiado y aportado evidencia empírica sobre la hipótesis de que el gesto conversacional de las manos ayuda en la formación de un lenguaje coherente, en especial cuando experimentamos dificultades en la recuperación de palabras difíciles o elusivas de la memoria léxica. Dobrogaev (1929) descubrió que al impedir que los hablantes hicieran estos gestos, se producía un decremento en la cantidad de vocabulario empleado.

Posteriormente, Goldin-Meadow, Nusbaum, Kelly & Wagner, en 2001 realizaron una serie de experimentos donde a niños y adultos se les pedía que recordaran una lista de palabras y letras, mientras explicaban como resolvían un problema matemático en el que previamente habían estado trabajando. Después de la explicación debían decir todas las palabras o letras que recordaban. A una parte de la muestra se le impedía hacer gestos conversacionales con las manos obligándoles a tenerlas quietas sobre una mesa, durante todo el ejercicio. Tanto los niños como los adultos recordaron de manera significativa más palabras y letras cuando se les permitía gesticular.

Siguiendo con esta investigación, y por si el efecto de tener las manos quietas sobre la mesa podía haber influido, buscaron a individuos que de motu propio (no porque se les impidiera) en la prueba de la explicación no gesticulaban, y el efecto fue el mismo en detrimento de su capacidad de memorizar. La idea que subyace es que los gestos pueden reducir la demanda en los recursos cognitivos del hablante, liberando capacidad cognitiva del sujeto para poder realizar otra tarea, en este caso la lista de palabras y letras.

Otros autores ( Francis Raucher, Yihsin Chen y Robert Krauss, 1998) comprobaron que impedir los gestos en el hablante hacia más difícil la labor de recuperación del léxico, además de disminuir la fluidez verbal en cuanto a la velocidad del habla, sobre todo cuando lo que se decía estaba relacionado con un contenido espacial. Y por último, comprobaron que también esto tenía un claro efecto en el mayor uso de muletillas.

En resumen la investigación empírica ha mostrado de forma consistente que hacemos más gestos conversacionales con la mano:

  • Cuando la información de la que se habla es espacial
  • Cuando más difíciles son de detallar o definir las imágenes que se describen
  • Cuando el discurso es espontáneo y no ensayado

Esto ocurre porque los gestos cumplirían la función de facilitación a un nivel conceptual, ayudando al hablante a clarificar u organizar sus ideas.

Me despido,  con brazos y manos. ¡Hasta pronto!

Arantza Zeberio